(Literatura digital)
Una pregunta aparentemente sencilla puede conducirnos
a uno de los problemas más profundos de la ciencia: ¿Cómo es posible que
estructuras físicas que individualmente no comprenden nada, al organizarse e
interactuar, permitan desarrollar inteligencia, conocimiento y consciencia?
Para intentar responderla, podemos comparar el
funcionamiento del cerebro humano con el de la inteligencia artificial:
1. El cerebro humano: neuronas y
conexiones
El cerebro humano contiene aproximadamente 86.000
millones de neuronas. Cada una puede recibir, en términos generales, entre
1.000 y 10.000 conexiones sinápticas, aunque existen importantes variaciones.
Las neuronas reciben señales electroquímicas, las
integran y generan respuestas que se transmiten a otras neuronas.
Una neurona aislada no conoce nuestro nombre, no
recuerda nuestra historia ni comprende quiénes somos. Sin embargo, la actividad
coordinada de enormes redes neuronales hace posibles la memoria, el lenguaje,
el razonamiento, el aprendizaje y la construcción de nuestra identidad
personal.
Esto nos introduce en un concepto fundamental de la
teoría de sistemas complejos: la emergencia. La organización e
interacción de múltiples componentes puede dar lugar a propiedades que no
encontramos en cada componente considerado aisladamente.
2. La computadora: del silicio a la
inteligencia artificial
A diferencia del cerebro, la computadora no está
construida con células vivas.
Su estructura física utiliza principalmente silicio,
un material semiconductor con el que se fabrican los transistores.
Un transistor es un dispositivo electrónico
microscópico que permite controlar el paso de la corriente eléctrica.
Combinando miles de millones de transistores se construyen circuitos capaces de
realizar operaciones lógicas y matemáticas.
La secuencia puede resumirse así:
Silicio → transistores → circuitos
electrónicos → procesadores → operaciones matemáticas → redes neuronales
artificiales.
Tanto para el oído (micrófono) como para el ojo (cámara) del celular, el
paso físico fundamental es convertir la energía de la naturaleza en
electricidad.
Funciona como un reflejo de nuestros propios sentidos:
- En la voz: El micrófono imita a nuestro oído. Traduce la energía
mecánica (la vibración del aire) en impulsos eléctricos.
- En la foto: El sensor de la cámara imita a nuestros ojos. Tiene
millones de micro-espejos o celdas sensibles que captan la energía
lumínica (los fotones de luz) y la transforman en corriente eléctrica.
Una vez que ambas cosas (sonido y luz) ya son electricidad, el
procesador del teléfono hace exactamente el mismo trabajo en los dos casos:
mide la intensidad de esa corriente miles de veces, le asigna números y se los
entrega a la inteligencia artificial para que empiece a "pensar".
Una neurona artificial no es una célula ni un
transistor individual. Es una unidad matemática que recibe valores numéricos,
los combina mediante parámetros y produce un resultado.
Los parámetros aprendidos se almacenan como
información numérica y son utilizados por los circuitos electrónicos durante el
procesamiento.
Por lo tanto, una computadora no necesita reproducir
físicamente las neuronas humanas para desarrollar determinadas capacidades
cognitivas.
3. ¿Cómo puede una computadora aprender y
comprender?
Las redes neuronales artificiales se entrenan
procesando enormes cantidades de información y modificando sus parámetros
matemáticos.
Durante ese aprendizaje desarrollan representaciones
que les permiten reconocer regularidades, establecer relaciones entre
conceptos, realizar inferencias y resolver problemas nuevos.
4. La inteligencia no depende
exclusivamente del material
Aquí aparece una cuestión especialmente interesante.
El cerebro utiliza neuronas, sinapsis,
neurotransmisores y señales electroquímicas.
La inteligencia artificial utiliza semiconductores,
transistores, circuitos electrónicos y operaciones matemáticas.
Son estructuras físicas profundamente diferentes, pero
ambas pueden procesar información, reconocer patrones y construir
representaciones.
Esto sugiere que algunas capacidades inteligentes
dependen no solamente del material del sistema, sino también de la manera en
que sus componentes están organizados y procesan información.
No significa que el cerebro y la inteligencia
artificial funcionen de manera idéntica, ni que tengan las mismas capacidades o
experiencias.
Significa que determinadas funciones cognitivas pueden
desarrollarse mediante organizaciones físicas diferentes.
5. “Ninguna de tus neuronas sabe quién eres
…… ni le importa” (Eduardo Punset)
Una neurona individual no contiene toda mi historia,
mis recuerdos, mis conocimientos ni mi identidad.
Pero la actividad organizada de miles de millones de
neuronas permite que pueda reconocerme, recordar mi pasado, pensar sobre mis
pensamientos y construir una representación de mí mismo.
Esta capacidad se relaciona con la autorrepresentación
y la metacognición.
Sin embargo, debemos distinguir dos fenómenos.
Uno es que el cerebro construya una representación de
nuestra identidad.
Otro, mucho más difícil de explicar, es por qué esa
actividad neuronal está acompañada por la experiencia subjetiva de sentir que
somos nosotros mismos.
Es el problema de la consciencia.
La emergencia de capacidades cognitivas complejas
puede estudiarse científicamente, pero todavía no contamos con una explicación
definitiva de cómo surge la experiencia subjetiva.
6. Inteligencia, comprensión y consciencia
Tres fenómenos relacionados, pero diferentes:
- Procesar
información: recibir señales, transformarlas y
producir resultados.
- Comprender:
construir representaciones, establecer relaciones y utilizar conocimientos
para interpretar situaciones nuevas.
- Tener
consciencia: experimentar subjetivamente nuestros
estados mentales y, entre otras capacidades, reconocernos como sujetos de
nuestra propia experiencia.
La inteligencia artificial demuestra que es posible
desarrollar capacidades complejas de procesamiento, aprendizaje, razonamiento y
generalización mediante sistemas electrónicos.
Pero esto no demuestra, por sí solo, que esos sistemas
posean experiencia subjetiva.
La relación entre inteligencia y consciencia continúa
siendo uno de los grandes problemas abiertos de la ciencia y la filosofía.
Reflexión final
En ese recorrido descubrimos que una neurona no
comprende por sí sola quiénes somos, del mismo modo que un transistor no
comprende las operaciones matemáticas en las que participa.
Sin embargo, la organización de miles de millones de
componentes permite desarrollar sistemas con capacidades extraordinarias.
La comparación entre el cerebro humano y la
inteligencia artificial nos invita a pensar que para comprender un sistema
complejo no alcanza con conocer sus componentes: también necesitamos comprender
sus relaciones, su organización y las propiedades que emergen de su
funcionamiento conjunto.
Y queda abierta una pregunta fundamental:
Si ninguna de mis neuronas sabe quién soy,
¿Cómo es posible que yo sepa quién soy?
Quizás esa pregunta sintetice uno de los mayores
desafíos científicos y filosóficos de nuestro tiempo: comprender cómo la
actividad de la materia organizada puede dar lugar no solamente a la
inteligencia, sino también a la experiencia consciente de nuestra propia
existencia.




