(Literatura digital)
Hace unos días, en un grupo de WhatsApp, la Dra. Graciela Cuesta (Pediatra) escribió una frase que
es, a la vez, una sentencia clínica y una metáfora poética sobre la condición humana:
“No pensaban, no aprendían nada, hasta que el hierro comenzaba a llenar los lugares asignados”.
Esta
observación no solo describe un tratamiento médico; define la frontera entre la
supervivencia biológica y la expansión de la conciencia. ¿Qué significa
realmente que el hierro deba "llenar sus lugares" para que podamos
pensar?
1. La Biología del Aprendizaje
El
aprendizaje no es un concepto abstracto; es un evento físico. Para que un niño
incorpore un nuevo conocimiento, sus neuronas deben "conectarse"
físicamente. Este proceso requiere una cantidad inmensa de energía y precisión
química.
·
La Mielina (El Aislante): El hierro es el operario
encargado de fabricar la mielina, la capa de grasa que recubre los nervios. Sin
hierro, el "cableado" cerebral no tiene aislamiento. La información
se dispersa, se vuelve lenta o se pierde. Un niño con anemia intenta aprender,
pero su red de comunicación interna está "en cortocircuito".
·
La Energía Celular: El hierro es el vehículo
que transporta el oxígeno. Un cerebro sin hierro es un cerebro en penumbra,
operando en modo de ahorro de energía. En ese estado, el cuerpo prioriza latir
y respirar; aprender una tabla de multiplicar o una regla gramatical se vuelve
un lujo metabólico inalcanzable.
2. Los "Lugares Asignados"
La belleza del mensaje de la Dra. Cuesta radica en la
precisión de la frase "lugares asignados". En
nuestro organismo, existen proteínas y enzimas que nacen con un
"hueco" diseñado específicamente para un átomo de hierro.
Es
como un rompecabezas incompleto: la pieza del pensamiento, de la atención y de
la memoria está pre-diseñada en nuestro ADN, pero el espacio está vacío.
Mientras ese lugar no se llene con el mineral adecuado, la función (el
pensamiento) simplemente no ocurre. El potencial está ahí, pero la herramienta
está rota.
3. Más allá de la Medicina: Una Reflexión
Social
Cuando
decimos que un niño "no aprende" o "no quiere estudiar", a
menudo olvidamos que la voluntad tiene un límite biológico. El mensaje de la doctora nos recuerda que:
·
La nutrición es el primer escalón de la educación No se puede enseñar donde no hay sustrato.
·
La desigualdad es química. Un niño con carencia de
hierro parte con una desventaja estructural que ningún método pedagógico puede
corregir por sí solo.
Conclusión
El
hierro no solo fabrica sangre; fabrica ciudadanos. Al "llenar esos lugares
asignados", este mineral permite que se encienda la luz de la comprensión.
El mensaje de la Dra. Cuesta es un recordatorio de que somos una unidad
indisoluble de cuerpo y espíritu: para que el alma pueda volar en el
pensamiento, el hierro debe primero asentar los cimientos en el cuerpo.


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