lunes, agosto 17, 2026

SISTEMAS ADAPTATIVOS COMPLEJOS 2026

 


PODCAST


(Literatura digital)

En noviembre de 2009 publiqué en este blog una reflexión sobre los Sistemas Adaptativos Complejos. Diecisiete años después resulta interesante preguntarnos cuánto conservan de vigencia aquellas ideas y qué ha agregado la ciencia desde entonces.

La conclusión principal es que los conceptos fundamentales continúan plenamente vigentes: organización, relación, emergencia, autoorganización, adaptación, retroalimentación, no linealidad e incertidumbre. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para observar, medir y modelizar esas relaciones, gracias al desarrollo de la ciencia de redes, los grandes volúmenes de datos y, más recientemente, la inteligencia artificial.

Del pensamiento simple al pensamiento complejo

El pensamiento simple intenta comprender la realidad separándola en partes y estableciendo relaciones relativamente lineales:

A → B → C

Este procedimiento ha sido fundamental para el desarrollo de la ciencia. El problema aparece cuando suponemos que comprender cada parte equivale necesariamente a comprender el conjunto.

El pensamiento complejo, desarrollado especialmente por Edgar Morin, no propone abandonar el análisis, sino distinguir sin separar y volver a relacionar lo que hemos dividido para estudiarlo:

A ↔ B ↔ C ↔ D ↔ A

En un sistema complejo los componentes interactúan, se modifican mutuamente y generan propiedades nuevas.

Dos palabras resultan fundamentales:

ORGANIZACIÓN y RELACIÓN.

Emergencia: cuando aparece algo nuevo

Una de las propiedades fundamentales de los sistemas complejos es la emergencia.

Las moléculas que constituyen una célula, consideradas aisladamente, no están vivas. Sin embargo, organizadas de determinada manera y manteniendo una red dinámica de relaciones, constituyen un organismo vivo.

De manera semejante, una neurona aislada no posee nuestros recuerdos ni nuestra conciencia. Estas propiedades emergen de la actividad organizada de enormes redes neuronales.

Por eso, el todo no puede comprenderse simplemente sumando las partes. Importa también cómo están organizadas y cómo se relacionan.

La vida lejos del equilibrio

Imaginemos un vaso de agua con un cubito de hielo. Existe inicialmente una diferencia de temperatura. El hielo se derrite y finalmente todo alcanza una temperatura uniforme: el sistema llegó al equilibrio termodinámico.

Un organismo vivo hace exactamente lo contrario. Mantiene permanentemente diferencias de concentración, potenciales eléctricos, metabolismo e intercambios de materia y energía.

Si un organismo vivo alcanzara un verdadero equilibrio termodinámico con su ambiente, estaría muerto.

Mientras el vaso con agua y hielo evoluciona espontáneamente hacia el equilibrio, la vida utiliza continuamente energía para mantenerse lejos de él.

¿Qué agregó la ciencia desde 2009?

Los conceptos fundamentales permanecieron, pero la ciencia de la complejidad avanzó considerablemente.

Hoy sabemos que las redes no solamente condicionan el comportamiento de sus componentes: los componentes también modifican las redes. Estructura y comportamiento evolucionan conjuntamente.

Además, actualmente se estudian las llamadas interacciones de orden superior. No todas las relaciones ocurren simplemente entre dos elementos —A ↔ B—; muchas propiedades aparecen cuando varios componentes interactúan simultáneamente.

También se intenta medir matemáticamente la emergencia y estudiar cómo circula, se almacena y se combina la información dentro de los sistemas.

Y apareció una herramienta extraordinariamente poderosa: la inteligencia artificial. El aprendizaje automático permite descubrir patrones, relaciones y estructuras en enormes cantidades de datos que resultaría muy difícil detectar mediante los métodos tradicionales.

Podríamos resumir esta evolución así:

2009:

Partes → relaciones → redes → autoorganización → emergencia → adaptación

2026:

Partes → redes dinámicas → interacciones múltiples → flujo de información → emergencia → adaptación → aprendizaje

Una nueva manera de mirar la realidad

El pensamiento complejo no reemplaza al pensamiento simple. Necesitamos separar para estudiar, pero necesitamos volver a relacionar para comprender.

Esto resulta particularmente evidente en medicina. Podemos estudiar separadamente el corazón, el cerebro, los riñones, el sistema inmunológico, los genes o el ambiente, pero el ser humano real funciona como una totalidad dinámica donde todos esos niveles interactúan.

Por eso, diecisiete años después, mantendría prácticamente intacta la idea central de aquella publicación de 2009, pero agregaría algo: la ciencia actual dispone de herramientas cada vez más poderosas para estudiar y cuantificar aquello que entonces describíamos principalmente de manera conceptual.

La ciencia de la complejidad está avanzando desde la intuición de que “el todo no se explica simplemente por las partes” hacia la posibilidad de investigar cómo, cuándo y por qué emergen propiedades nuevas de sus interacciones.

Y después de todos estos avances, sigo encontrando dos palabras capaces de resumir buena parte del pensamiento complejo:

ORGANIZACIÓN y RELACIÓN.

La realidad no está constituida solamente por cosas, sino por cosas que se relacionan.

Y fenómenos tan extraordinarios como la vida, la mente, la memoria o la enfermedad quizá no puedan localizarse completamente en ninguna de sus partes porque, en buena medida, emergen de la organización dinámica de sus relaciones.

 


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