sábado, marzo 25, 2017
martes, enero 31, 2017
¿Para Qué Estudiar?
Rodrigo Quian Quiroga en su libro “Borges y la Memoria” de editorial
Sudamericana, año 2011 página 186, formula una pregunta muy interesante. ¿Qué
sentido tiene estudiar si la gran mayoría de lo que estudiamos se perderá en el
olvido? Y se responde diciendo: “Por suerte, tantas horas de estudio no fueron
en vano debido a que las memorias episódicas (de eventos, cosas que nos pasan)
genera memorias semánticas (de conceptos). Por ejemplo, no recuerdo ninguna de
las clases en las que estudié integrales en Análisis Matemático I, pero sí
recuerdo como integrar. He olvidado los episodios, pero ha quedado el
concepto”.
La respuesta lleva implícita algunas nociones básicas sobre memoria, como
que existen conceptos que son indelebles y que para generar nueva memoria es
indispensable poseer memoria previa. Probablemente esto último sea el motivo
por el cual los niños menores de dos años no generan memoria explícita a largo
plazo, no tienen memoria previa con que asociar las nuevas. Para que se genere
nueva memoria es necesario poseer memoria previa, al niño le lleva dos años
generarla. La memoria se genera asociando conceptos.
Esto explica porque es importante estudiar y no solo temas
específicos. Estudiar es la forma de enriquecer nuestra memoria semántica o enciclopedia
de conceptos, lo que facilitará la creación de nuevas memorias. Cuando más rica
es nuestra red conceptual más se posibilita la generación de nuevas redes
conceptuales. Explica también porque, solo el que sabe pregunta.
jueves, septiembre 15, 2016
THOMAS PIKETTY
EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI
INTRODUCCIÓN
¿Un Debate Sin Fuentes?
INTRODUCCIÓN
¿Un Debate Sin Fuentes?
Durante
mucho tiempo los debates intelectuales y políticos sobre la distribución de la
riqueza se
alimentaron
de muchos prejuicios y de muy pocos hechos.
Desde
luego, cometeríamos un error al subestimar de los conocimientos intuitivos que
cada
persona
desarrolla acerca de los ingresos y de la riqueza de su época, sin marco
teórico alguno y
sin
ninguna estadística representativa. Veremos, por ejemplo, que el cine y la
literatura –en
particular
la novela del siglo XIX‐ rebosan de
informaciones sumamente precisas acerca de los
niveles
de vida y fortuna de los diferentes grupos sociales, y sus implicaciones en la
vida de cada
uno.
Las novelas de Jane Austen y Balzac, en particular, presentan cuadros pasmosos
de la
distribución
de la riqueza en el Reino Unido y Francia en los años de 1790 a 1830. Los dos
novelistas
poseían un conocimiento íntimo de la jerarquía de la riqueza en sus respectivas
sociedades;
comprendían sus fronteras secretas, conocían sus implacables consecuencias en
la
vida
de esos hombres y mujeres, incluyendo sus estrategias maritales, sus esperanzas
y sus
desgracias;
desarrollaron sus implicaciones con una veracidad y un poder evocador que no
lograría
igualar
ninguna estadística, ningún análisis erudito.
En
efecto, el asunto de la distribución de la riqueza es demasiado importante como
para dejarlo
solo
en manos de economistas, los sociólogos, los historiadores y los demás
filósofos. Atañe a todo
el
mundo, y más vale que así sea. La realidad concreta y burda de la desigualdad
se ofrece a la
vista
de todos los que la viven, y suscita naturalmente juicios políticos tajantes y
contradictorios.
Campesino
o noble, obrero o industrial, sirviente o banquero: desde su personal punto de
vista,
cada
uno ve las cosas importantes sobre las condiciones de la vida de unos y otros,
sobre las
relaciones
de poder y de dominio entre los grupos sociales, y se forja su propio concepto
de lo que
es
justo y de lo que no lo es. El tema de la distribución de la riqueza tendrá
siempre una dimensión
eminentemente
subjetiva y psicológica, que de modo irreductible genera conflicto político y
que
ningún
análisis que se diga científico podría apaciguar. Por fortuna, la democracia
jamás será
remplazada
por la república de los expertos.
Por
ello, el asunto de la distribución también merece ser estudiado de modo
sistemático y
metódico.
A falta de fuentes, métodos, conceptos definidos con precisión, es posible
decir
cualquier
cosa y su contrario. Para algunos las desigualdades son siempre crecientes, y
el mundo
cada
vez más injusto, por definición. Para otros las desigualdades son naturalmente
decrecientes,
o
bien se armonizan de manera espontánea, y ante todo no debe hacerse nada que
pueda
perturbar
ese feliz equilibrio. Frente a este diálogo de sordos, en el que a menudo cada
campo
justifica
su propia pereza intelectual mediante la del campo contrario, hay un cometido
para un
procedimiento
de investigación sistemática y metódica, aun cuando no sea plenamente
científico.
El
análisis erudito jamás pondrá fin a los violentos conflictos políticos
suscitados por la
desigualdad.
La investigación en ciencias sociales es y será siempre balbuceante e
imperfecta; no
tiene
la pretensión de transformar la economía, la sociología o la historia en
ciencia exactas, sino
que,
al establecer con paciencia hechos y regularidades, y al analizar con serenidad
los
mecanismos
económicos, sociales y políticos que sean capaces de dar cuenta de éstos, puede
procurar
que el debate democrático esté mejor informado y se centre en las preguntas
correctas;
además,
puede contribuir a redefinir siempre los términos del debate, revelar las
certezas
estereotipadas y las
imposturas, acusar y cuestionarlo todo siempre……..
THOMAS PIKETTY. EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI. Bs.As. Fondo de Cultura Económica, 2014: 15-16
domingo, abril 03, 2016
PREGUNTAS SOBRE SEMIOLOGÍA MÉDICA
Alumnos de 3° año de Medicina de la UNNE preguntando sobre Semiología Médica, materia que comenzaban a cursar en el mes de marzo de 2010
Preguntas formuladas por los alumnos
Preguntas formuladas por los alumnos
lunes, febrero 22, 2016
PENSAMIENTO CIENTÍFICO
Tener una formación científica no es
solo un instrumento para hacer ciencia, sino también un referente cultural. La
lógica científica, es más que un método, es una cultura, por eso el aprendizaje
del método no lo es todo. La cultura científica sirve para ejercer dialécticamente
cualquier actividad de la vida.
El pensamiento científico se puede
aprender, cultivar y aplicar pero es importante tener presente que la mente
humana, por su naturaleza, no está hecha para pensar de esta manera pero tiene
una capacidad sorprendente para aprender maneras nuevas de pensar.
El pensamiento científico comienza con
la adquisición de los conocimiento básicos acumulados durante años y continua
con la observación de los fenómenos naturales, formulación de hipótesis que
expliquen lo que se observa (conjetura creativa), experimentación (donde se
pone a prueba la hipótesis), análisis (según las reglas de las estadísticas) y síntesis
de los resultados con inferencia de la conclusión.
El método científico comienza con una
amplia base de conocimientos y comprensión de los hechos y contornos del
problema que intentamos abordar. Solo entonces se plantean las hipótesis. Es
aquí cuando se recurre a la imaginación y se genera posibles líneas de
investigación. Nada surge por azar, todos los escenarios y explicaciones
posibles surgen de esa base inicial de conocimientos y de observación. El
siguiente paso será comprobar nuestra hipótesis.
En resumen el método científico consiste
en entender y plantear el problema, observar, imaginar hipótesis, comprobar y
deducir.
El pensamiento científico se caracteriza
por su escepticismo, su mentalidad inquisitiva y curiosa en relación con el
mundo. Nada se acepta porque sí. Todo se examina y se considera antes de ser
aceptado. En estado natural nuestra mente se resiste a ese enfoque, está
programada para aceptar todo lo que le llegue. Primero creemos, y si dudamos lo
hacemos después. Si se tratara de un
test del tipo verdadero / falso la respuesta por defecto sería verdadero. No
hace falta esfuerzo alguno para seguir dándolo todo por verdadero, pero pasar a
darlo por falso exige vigilancia, tiempo y energía, exige ese paso extra de
comprobar y refutar.
Para pensar científicamente se necesita atención
plena (mindfulness), motivación (que implica voluntad y dedicación) y practicar
mucho esta forma de ver el mundo. Pensar científicamente exige la reflexión
frente a la acción refleja, exige anular el piloto automático.
Bibliografía
1. Ander-Egg,
Ezequiel. Métodos y Técnicas de Investigación Social. Acerca del
conocimiento y del pensar científico. Buenos Aires : Editorial
Distribuidora Lumen SRL, 2001. ISBN 987-00-020-7.
2. Bunge, Mario. La Ciencia. Su Método Y Su
Filosofía. Buenos Aires : Editorial Sudamericana S.A., 1995. ISBN
950-07-1043-9.
3. Konnikova, María. ¿Cómo pensar como Sherlock
Holmes? Barcelona : Paidós, 2013. ISBN 978-84-493-2901-2.
4. Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar
despacio. Buenos Aires : Debate, 2012. ISBN 978-987-1786-40-4.
5. C-Soriguer Escofet, Federico J. El Médico y el
Científico. Madrid : Ediciones Díaz de Santos, 2005. ISBN
84-7978-702-3.
jueves, enero 22, 2015
Grupos Inteligentes
Steven Pinker twiteó el día 18 de enero de 2015 a las 08:00 hs. un artículo del NYT donde Anita
Woolley, Thomas Malona y Christopher Chabris hablan de las características que
definen a los grupos inteligentes y señalan específicamente tres:
- Sus miembros han contribuido de manera más equitativa a las discusiones del equipo y no dejaron que una o dos personas dominen el grupo
- Sus miembros lograron mejores resultados en una prueba llamada lectura de la mente en los ojos
- Los equipos con más mujeres superan en inteligencia grupal a los equipos con más hombres o con un número igual de hombres y mujeres y se explica en parte porque las mujeres son mejores en lectura de la mente que los hombres.
The New Yorck Times Jan. 16, 2015. WhySome Teams Are Smarter Than Others
martes, enero 13, 2015
REFORMAR EL PENSAMIENTO
Edgar Morín en su libro “La cabeza bien puesta” nos dice que
la reforma del pensamiento generará:
- Un pensamiento del contexto y de lo complejo
- Un pensamiento que vinculará y afrontará la falta de certeza
- Un pensamiento que remplazará la causalidad unilineal y unidireccional por una causalidad circular y multirreferencial
- Un pensamiento que corregirá la rigidez de la lógica clásica por medio de una dialógica capaz de concebir nociones al mismo tiempo complementarias y antagónicas
- Un pensamiento que completará el conocimiento de la integración de las partes en un todo por medio del reconocimiento de la integración del todo dentro de las partes
- Un pensamiento que unirá la explicación a la comprensión en el análisis de todos los fenómenos humanos
Edgardo Marecos agrega que esta reforma del pensamiento deberá llegar al músculo para terminar en la acción.
martes, octubre 21, 2014
EVALUACIÓN EDUCACIONAL
Curso de Posgrado en Docencia Universitaria con Orientación en Salud
UCAMI - UNNE
Posadas Misiones Argentina
Evaluación Educacional
Miguel H Ramos
Medicina I Facultad de Medicina
UNNE Argentina
domingo, septiembre 21, 2014
domingo, agosto 24, 2014
PERCEPCIÓN Y MEMORIA
Percepción y Memoria
Curso de Posgrado en Docencia Universitaria con Orientación en Salud
UNNE - UCAMI
Posadas Misiones
22/08/14
Curso de Posgrado en Docencia Universitaria con Orientación en Salud
UNNE - UCAMI
Posadas Misiones
22/08/14
domingo, junio 08, 2014
Caso Clínico 2014
Insuficiencia Cardíaca: Caso Clínico
Programa de Formación Continua en Clínica Médica
Facultad de Medicina
UNNE
Corrientes Argentina
Programa de Formación Continua en Clínica Médica
Facultad de Medicina
UNNE
Corrientes Argentina
domingo, mayo 25, 2014
domingo, abril 27, 2014
jueves, abril 10, 2014
domingo, marzo 30, 2014
MAPAS CONCEPTUALES
Curso de Posgrado en Docencia Universitaria con Orientación en Salud
Mapas Conceptuales
Facultad de Medicina UNNE - UCAMI
Mapas Conceptuales
Facultad de Medicina UNNE - UCAMI
sábado, marzo 22, 2014
miércoles, febrero 19, 2014
ILUSIÓN DE CAUSALIDAD
En la
ilusión de causa, subyacen distintas tendencias innatas que interrelacionadas provocan que la mayoría
de las personas caigan presa de ella independientemente de su nivel cultural.
Estas surgen del hecho de que nuestra mente tiene la predisposición a detectar
sentido a partir de ciertos patrones, a inferir relaciones causales de las
coincidencias y a asumir que los acontecimientos anteriores causan los
posteriores.
Christopher
Chabris y Daniel Simons (1) en su libro “El
gorila invisible”, dedican un capítulo a
el salto a la conclusión y atribuyen la ilusión de causa a:
1. 1. Atracción
intrínseca hacia las narraciones cronológicas
2. 2. Mecanismos
exagerado de detección de patrones
3. 3. Salto
injustificado de la correlación a la causa. Salto a la conclusión
Atracción intrínseca hacia las narraciones cronológicas.
Los relatos personales son más
memorables y se adhieren a nuestra mente durante más tiempo que los datos
abstractos. Los casos individuales cronológicamente coherentes permanecen en
nuestra mente; las estadísticas y promedios no. Las anécdotas de por sí son más
persuasivas que las estadísticas. Por ejemplo, un problema central para
combatir las anécdotas médicas es que en cualquier tratamiento hay personas que
mejoran y otras no. Y tendemos a recordar únicamente los primeros casos y a
suponer que el tratamiento fue la causa. Lo que por lo general no hacemos es
comparar las tasas de mejoría con y sin este. Puede ser difícil superar una
creencia que se ha formado a partir de relatos conmovedores. Nuestro cerebro
evolucionó bajo condiciones en las cuales la única evidencia de que disponíamos
era la que experimentábamos nosotros mismos y la que escuchábamos de otros en
quienes confiábamos. Nuestros ancestros carecían de accesos a grandes conjuntos
de información, estadísticas y métodos
experimentales.
Mecanismos exagerados de detección de patrones
La
percepción de las formas constituye una de las facultades más importantes que
nos permiten percibir el mundo que nos rodea. Los órganos de los sentidos nos
proporcionan una serie de datos incoordinados y es el cerebro, al relacionar
entre sí los elementos, el que adjudica significado a la información
registrada. Los representantes de la escuela berlinesa de la psicología de la
Gestalt descubrieron una serie de leyes que en su opinión, rigen el proceso
perceptivo y justifican su idea básica que estriba en que, el todo es más que
la suma de las partes.
La
percepción de patrones es central en nuestras vidas, podemos reconocer a un
amigo que camina por la calle exclusivamente a partir de su patrón de
movimiento. Nuestro sistema visual tiene un problema difícil que solucionar en
lo que hace a reconocer caras, objetos y palabras. De todas maneras en tan solo
una décima de segundo, nuestro cerebro puede distinguir un rostro de otros
objetos. Pero ver objetos que se asemejan a rostros induce una actividad en un
área del cerebro denominada circunvolución fusiforme, que es altamente sensible
a los rostros reales. Inmediatamente de ver un objeto que se asemeja a un
rostro, nuestro cerebro lo trata como si lo fuera y lo procesa de modo
diferente a como procesa otros objetos. Algunos de los ejemplos más notables de
percepción fallida de patrones incluyen la detección de rostros en lugares
inusuales, como ver el rostro de Jesús en una montaña nevada.
Los médicos
buscan combinación de síntomas que forman un patrón, lo que les permite inferir
una causa y hacer el diagnóstico. No podemos evitar no ver sino patrones en el
mundo y hacer predicciones sobre la base de ellos. Pero a veces, creemos ver
patrones donde no los hay, y donde sí existen los percibimos mal. Tendemos en
forma sistemática a percibir lo regular en lugar de lo azaroso y a inferir
causas más que coincidencias. Y, en general, desconocemos por completo esas
tendencias. La ilusión de causa surge cuando vemos patrones en lo azaroso.
Además nuestras creencias causales intuitivas nos llevan a percibir patrones
acordes a ellas. La tendencia de la mente humana a percibir de manera
indiscriminada patrones visuales de modo azaroso recibe el nombre de
“pareidolia”.
Salto injustificado de la correlación a la causa. Salto a la conclusión
Temple
Grandin y Catherine Johnson (2) en su libro ”Interpretar
a los animales”, nos explican los
detalles de cómo todos los animales y seres humanos poseen la tendencia innata
a la confirmación. Somos propensos a creer que si dos fenómenos ocurren de
forma casi simultánea no es una casualidad, sino que el primer suceso es la
causa del segundo.
Por ejemplo,
si metemos a una paloma en una jaula con un interruptor que se enciende justo
antes que aparezca un poco de comida, la paloma empezará enseguida a picotear
el interruptor para obtener comida. Lo hace porque su tendencia a la confirmación
la induce a creer que el primer suceso (el interruptor que se enciende) causa
el segundo (la aparición de la comida). La paloma suele picotear el interruptor
un par de veces, la comida aparece –porque siempre lo hace cuando se enciende
el interruptor – y entonces llega a la conclusión de que picotear el
interruptor cuando está encendido causa la aparición de la comida.
La tendencia
a la confirmación está incluida en el cerebro animal y humano, y nos ayuda a
aprender. Aprendemos porque nuestra única suposición es que, si al suceso 1 lo
sigue directamente el suceso 2, entonces el suceso 1 causó el suceso 2. Nuestra
suposición por defecto no es que el suceso 1 y el suceso 2 hayan ocurrido al
mismo tiempo por casualidad. La casualidad es, en realidad, un concepto muy
avanzado tanto para los animales como para las personas. La estadística nos
enseña que una correlación no es automáticamente una causa, pero nuestros
cerebros están conectados para ver las correlaciones como causa.
Hacer
conexiones causales infundadas da origen a la superstición. Es probable que
muchas supersticiones se deban a una asociación accidental entre dos cosas que
en realidad no están relacionadas.
Casualmente
uno lleva puesta la camisa azul el día que aprobó el examen de matemáticas y
tal vez llevara también la camisa azul el día que ganó un premio en el parque
de diversiones, así que ahora cree que la azul es su camisa de la suerte.
La gente y
los animales crean supersticiones del mismo
modo. Nuestros cerebros nos permiten ver conexiones y correlaciones, no
coincidencias y casualidades. Nuestros cerebros están conectados para creer que
una correlación también es una causa.
La única
manera de comprobar de forma definitiva si una asociación es causal es hacer un
experimento. En donde se varía un factor en forma sistemática, conocido como
variable independiente, para ver su efecto sobre otro factor, la variable
dependiente. Limitarse a medir dos efectos y mostrar que ocurren a la vez no
implica que uno sea la causa del otro. Inferir causalidad de manera crítica
depende de la aleatoriedad. Sin realizar el experimento y estimar la
aleatoriedad, la asociación puede ser el mero equivalente científico de una
coincidencia. Correlación no implica causalidad. Es importante tenerlo presente
porque funciona contra la ilusión de causa. Es particularmente difícil
internalizarlo, y conocer el principio en abstracto no contribuye en mucho a
inmunizarnos contra el error.
Sobre la
percepción de causalidad Daniel Kahneman (3) señala que si un
primer objeto se halla en movimiento e inmediatamente comienza a moverse un
segundo objeto vecino aún sin contacto físico real la poderosa ilusión de
causalidad nos hace creer que si el segundo objeto empieza a moverse
inmediatamente es por causa del primer objeto. Y que algunos experimentos han
demostrado que niños de seis meses ven la secuencia se sucesos como una
relación causa efecto, y manifiestan sorpresa cuando la secuencia es alterada.
Es evidente que estamos predispuestos desde que nacemos a tener impresiones de
causalidad.
La gente
tiende a aplicar el pensamiento causal de manera inapropiada a situaciones que
requieren un razonamiento estadístico. Desafortunadamente el sistema 1
(pensamiento rápido) no tiene capacidad para este modo de razonar. Pero el
sistema 2 (pensamiento lento) puede aprender a pensar estadísticamente, pero
pocas personas reciben la capacidad necesaria. La medida del éxito del Sistema
1 es la coherencia de la historia que se ocupa de crear. La cantidad y la
cualidad de los datos en los que la historia se basa son en gran parte
irrelevantes. Cuando la información es escasa, cosa que comúnmente ocurre, el
Sistema 1 opera como una máquina de saltar a las conclusiones. Lo que importa
para una buena historia es la consistencia de la información, no que sea
completa. A menudo conocer poco hace más fácil encajar cualquier cosa que
conozcamos en un diseño coherente pero puede originar sesgos cognitivos que surgen por la confianza excesiva, efectos
marco y tasa base ignorada.
La
dificultad que tenemos con la regularidad estadística es que esta demanda un
enfoque diferente. En vez de centrarse en la manera que se produjo el suceso en
cuestión, el punto de vista estadístico lo relaciona con lo que podría haber
sucedido en lugar de lo que sucedió. Nada en particular hizo que se produjera
lo que se produjo; la posibilidad vino dada entre sus alternativas y trata de
demostrar la ocurrencia por azar. Nuestra predilección por el pensamiento
causal nos expone a serios errores en la evaluación de la aleatoriedad de
sucesos realmente aleatorios.
En 1985 la
investigación de Thomas Gilovich, Robert
Vallone y Amos Tversky (4) originó un revuelo
al analizar miles de secuencias de lanzamientos en el basquetbol porque condujo
a una conclusión decepcionante: no hay algo así como una buena mano, buena
tirada o buena racha en el basquetbol profesional, ni en los lanzamientos desde
el campo ni en las faltas. Por supuesto, algunos jugadores son más precisos que
otros, pero la secuencia de logros y lanzamientos fallidos satisface todos los
test de aleatoriedad. La buena racha está enteramente en los ojos de los
espectadores, que con demasiada rapidez perciben orden y causalidad en la
aleatoriedad. En fenómeno de la “mano caliente” o de la “buena mano” es una
ilusión cognitiva masiva y extendida. Estamos demasiados dispuestos a rechazar
la creencia de que mucho de lo que vemos en la vida es azar. La "falacia
de la mano caliente" (en ingles “Hot - Hand Fallacy”) es la creencia
errónea de que una persona que ha experimentado el éxito con un evento al azar
tiene una mayor posibilidad de un mayor éxito en los intentos adicionales. La
ley de los pequeños números origina confianza exagerada en las muestras
pequeñas. Prestamos más atención al contenido de los mensajes que a la
información sobre su fiabilidad, y como resultado terminamos adoptando una
visión del mundo que nos rodea más simple y coherente de lo que justifican los
datos.
Edgardo Marecos (5) en su trabajo, “La
causalidad, casualidad y la medicina”, nos recuerda los criterios epidemiológicos
de causalidad que fueran propuestos en 1965 por Sir Austin Bradford Hill y que
siguen hoy vigentes:
1. 1. Temporalidad
o secuencia temporal: el criterio se refiere a que el factor analizado antecede
en el tiempo a la aparición o desarrollo de un efecto.
2. 2. Intensidad
o fuerza de la asociación: criterio relacionado con
aquellos indicadores epidemiológicos que valoran la fuerza o intensidad de la
relación estadística entre una causa y su efecto.
3. 3. Gradiente biológico: este criterio
sustenta que a mayor exposición, mayor probabilidad de ocurrencia del efecto..
4. 4. Especificidad: criterio que nos dice que cuando más específica es la relación entre una
causa y su efecto mayor es la probabilidad de una relación causal. La
causalidad es probable si la población es específica, el sitio es específico y
no hay otra explicación que la justifique
5. 5. Verosimilitud
o Plausibilidad biológica: este criterio se refiere a que existe un mecanismo
que explica la relación entre el factor analizado y el efecto con el que se
asocia.
6. 6. Coherencia:
se refiere a que la coherencia entre los resultados epidemiológicos y de
laboratorio aumenta la probabilidad de un efecto, no debiendo entrar además en
conflicto con lo conocido y aceptado.
7. 7. Analogía:
se refiere a que efectos similares pueden ser considerados como aval.
8. 8. Experimento:
criterio que apela la posibilidad de la evidencia experimental tanto para la
exposición a la causa como para cesación de la misma.
9. 9. Consistencia:
el criterio se cumple cuando se obtienen resultados semejantes por diversos
investigadores, o utilizando diferentes metodologías
Conclusión: Somos buscadores de patrones,
creyentes en un mundo coherente en el que las regularidades no se producen
accidentalmente, sino cómo efecto de la causalidad mecánica o de la intención
de alguien. No esperamos ver una regularidad producida por un proceso
aleatorio. La difundida mala comprensión de la aleatoriedad tiene a veces
consecuencias significativas. No hay duda de que un director ejecutivo es
oficialmente responsable del rendimiento de una empresa, pero atribuir los
éxitos y los fracasos de una empresa a la persona que está en el lugar más alto
es una ilustración clásica de la ilusión de causa. Saltar a la conclusión es un
deporte que en el mundo de nuestra imaginación es más seguro de lo que es en la
realidad.
Bibliografía
1. Chabris,
Christopher y Simons, Daniel. El
gorila invisible: y otra maneras en las que nuestra intuición nos engaña. Buenos Aires : Siglo Veintiuno Editores, 2011.
págs. 181-218. ISBN 978-987-629-168-2.
2. Grandin, Temple y
Johnson, Catherine. Interpretar a los animales: como el autismo puede
ayudar a comprender su comportamiento. Buenos Aires : Del Nuevo
Extremo: RBA, 2006. págs. 111-114. ISBN 987-1068-98-0.
3. Kahneman, Daniel.
Pensar rápido, pensar despacio. Buenos Aires : Debate, 2012. págs. 147-160. ISBN
978-987-1786-40-4.
4. The hot hand in Basketbal: On the misperception of
random sequencesl. Gilovich, T, Vallone, R y Tversky, A. 1985,
Cognitive Psychology, Vol. 17, págs. 295-314.
5. La causalidad, la
casualidad y la medicina. Marecos, Edgardo A. Corrientes :
Facultad de Medicina UNNE, Febrero de 2001, Revista de posgrado de la Cátedra
VIa Medicina ,págs. 14-20.
lunes, diciembre 09, 2013
CULTURA Y EVOLUCIÓN
Los trabajos
de Pagel Mark y Gazzaniga Michael me permitieron relacionar conceptos que no
los tenía conectado, naciéndome la necesidad de transcribir los más
significativos a los fines de ordenar mis ideas sobre evolución cultural:
Sin duda, la
cultura nos hizo humanos. La capacidad para la cultura hace única a la especie
humana. Su estrategia para sobrevivir consiste en la transmisión de tecnología
y habilidades.
Nuestra identidad cultural descansa sobre dos
pilares fundamentales con gran potencial evolutivo: El aprendizaje social y la
Teoría de la mente. Por medio del
aprendizaje social podemos copiar comportamientos a través de la simple
observación y por medio de la Teoría de la mente podemos atribuir estados
mentales a otros congéneres logrando adivinar o comprender sus motivaciones. La
supersociabilidad y el lenguaje surgieron como adaptaciones a la vida en el
medio social de la cultura.
El
desarrollo de la capacidad para la cultura hace 200.000 años determino nuestra
evolución (aparición del Homo Sapiens). Hace 60.000 años, el proceso evolutivo
experimentó un acelerón cuando los humanos modernos salieron del África, en
pequeñas sociedades tribales para ocupar y reconfigurar el mundo. Hace 40.000
años aconteció un cambio en el grado de selección positiva, el cual afectó el
genoma humano que coincide con el florecimiento de la cultura como refleja la
explosión de artefactos de toda índole, de obras de arte e instrumentos
musicales, así como la ocupación territorial del mundo. Estos genes de evolución
rápida constituyen nuestra predisposición genética para la cultura.
Los
científicos compararon las secuencias genéticas de personas de todo el mundo y
calcularon que hace aproximadamente 37.000 años, coincidiendo con la emergencia
de los seres humanos modernos en sentido cultural, surgió una variante genética
del gen MCPH1 cuya frecuencia creció con demasiada rapidez para ser compatible
con una deriva al azar o con migraciones de poblaciones. Esto sugiere que
experimentó una selección positiva. Y hace unos 5.800 años coincidiendo con la
expansión de la agricultura, las ciudades y el primer registro de la escritura,
surgió una variante del gen ASPM. También en este caso, las frecuencias con que
el gen se encuentra en la población son tan elevadas que indican una poderosa
selección positiva. No sabemos
si los cambios genéticos causaron los cambios culturales o si hubo sinergia.
Las
sociedades humanas evolucionaron de forma gradual por adaptación cultural
acumulativa. El conocimiento, las habilidades y las técnicas almacenan mejoras
y crecen en variedades a medida que las personas se imitan unas a otras, que
eligen y modifican las formas existentes y que combinan objetos para fabricar
otros nuevos, el resultado de todo ello es una cultura compleja y variada que hace
única a la especie humana. La historia de nuestra especie consiste en el
triunfo progresivo de la cooperación. Los humanos cooperan con individuos que
no son parientes y llevan a cabo actos de generosidad que podrían bien no ser
correspondidos. El ser humano posee una enorme orientación hacia el grupo. En
cambio en las demás especies animales, la cooperación queda confinada, por lo
general, a los parientes. La especie humana tiene la propensión a ayudar a los
extraños, por tanto el ser humano debe ser considerado “supersocial” ya que se
ha liberado de las limitaciones genéticas usuales para alcanzar el desarrollo
del altruismo.
Hace 200.000
años la capacidad de nuestros antepasados para la cultura provocó una crisis
social, a la que puso remedio la “supersociabilidad”. ¿Qué desencadenó esa
crisis? El robo visual, es decir, la habilidad de apropiarse de las ideas de
otros.
Dado que
podemos aprender con el solo esfuerzo de atender a aquello que desarrollan los demás,
el conocimiento resulta un bien al alcance de cualquiera. De esta manera las
culturas evolucionan y se adaptan.
Ocultar las
mejores innovaciones habría sido una especie de muerte evolutiva: habría
paralizado la adaptación cultural acumulativa. Para evitar ese destino
evolucionaron las reglas sociales y la psicología, fenómenos que posibilitan el
intercambio de ideas, conocimientos y técnicas sin excesivo temor a ser explotados.
Las características únicas de la psicología humana, como las normas y la moral,
las expectativas de equidad y la tendencia hacia la “agresión moralizante”
(castigar a quienes infringen los principios morales) se basan en emociones y
mecanismos que evolucionaron con el fin de vigilar a los individuos tentados de
explotar el frágil sistema cooperativo.
Nuestro
lenguaje, que es compositivo por el uso de oraciones, solo se ha demostrado en
humanos. Y evolucionó por que las formas complejas de cooperación e intercambio
que se desarrollaron para desactivar la crisis del robo visual exigían una
tecnología social con la que gestionar tratos, coordinar actividades, negociar
acuerdos y difundir la reputación. Al parecer, el lenguaje constituyó esa pieza
de tecnología social. El acuerdo cooperativo resulta posible con el lenguaje
verbal.
Los
neandertales poseían la misma versión del gen FOXP2 que los humanos actuales,
un segmento del ADN implicado en los movimientos motores precisos para hablar,
lo que sugiere que esos homínidos también poseían lenguaje. Aún así, los
informes arqueológicos poco apuntan hacia una adaptación cultural acumulativa
en los neandertales, no se han encontrado ni instrumentos musicales ni de arte relacionados
con el hombre de Neandertal. Esta falta de cultura indica que no disponían de
lenguaje. Para explicar la aparición del lenguaje debemos apuntar más allá de
la anatomía y de los genes y preguntarnos por su necesidad. Cabría esperar, que
la selección natural tendiera a difuminar las diferencias entre los humanos y que
sobrevivan los más aptos.
¿Cómo se
explica entonces la diversidad de habilidades de nuestra especie? La variedad
surge, de nuevo, como consecuencia de nuestra capacidad para la cultura. Una
vez que el sistema cooperativo posibilitó que los humanos intercambiaran
habilidades, bienes y servicios, los sujetos que se especializaron en las
tareas que mejor desempeñaban poseían mayores provisiones para comerciar con
otros. Ninguna otra especie practica la división del trabajo con individuos no
emparentados.
Las culturas
domesticaron y diferenciaron a los humanos según su talento, propiciando que
coexistieran habilidades diversas. De igual modo, los genes humanos podrían
haber experimentado una tendencia a especializarse según las oportunidades que
ofrecían las sociedades. De ser así, ello podría acarrear implicaciones
relevantes para la sociedad contemporánea originando una sociedad diferenciada
por predisposiciones genéticas y no asegurar la igualdad de oportunidades. La
historia de nuestra especie humana es el triunfo progresivo de la
cooperación sobre el conflicto a medida que sus miembros fueron reconociendo
que cooperar favorecía la obtención de una recompensa mayor.
Los genes de
evolución rápida constituyen nuestra predisposición genética para la cultura, y
pueden identificarse con los mismos métodos usados para aislar los genes
causantes de enfermedades.
Cada una de
las formas alternativas que puede tener un gen que se diferencian en su
secuencia y que se puede manifestar en modificaciones concretas de la función
de ese gen se denominan alelos o secuencias variantes. Cuando un alelo tiene un
efecto tan importante y positivo en un organismo que mejora su aptitud para la
supervivencia o le permite reproducirse más, tenemos lo que se denomina una
“selección positiva” o “selección direccional” de ese alelo. La selección
natural favorecería semejante variante, y ese alelo en particular empezaría a
ser más y más común.
Hay genes
implicados en el desarrollo del cerebro humano que determinan el número de
neuronas que tendrá el cerebro y lo grande que será. Se han identificado dos
genes que son los reguladores específicos del tamaño cerebral: MCPH1 y el ASPM.
Un defecto en cualquiera de estos dos genes provoca microcefalia primaria, un
trastorno autosómico recesivo del desarrollo neurológico, que origina
principalmente una reducción del tamaño de la corteza cerebral con retraso
mental no progresivo. Estos genes fueron estudiados por Geoffrey Woods médico y
genetista clínico de la Universidad del Hospital de St. James de Leeds,
Inglaterra quien se dio cuenta que varias de las familias pakistaníes que
atendía tenían niños con microcefalia primaria. Estas familias provenían del
valle del río Jhelum de la región de
Mirpur, en Cachemira, a quienes se les había expropiado sus tierras para construir
la represa Mangla y muchas emigraron a Yorkshire, Inglaterra por la demanda de
obreros textiles calificados.
Estos genes
han sufrido cambios significativos bajo la presión de la selección natural y
hay pruebas de una evolución acelerada tras separarse los seres humanos y los
chimpancés y aparecen como la causa del incremento del tamaño cerebral de
nuestros antepasados alcanzando los 1.340cc en el hombre actual, luego de haber experimentado
una reducción de 150cc a lo largo de la historia de la especie. Evolución
acelerada significa que estos genes eran auténticos fuera de serie, pues
producían un rasgo que otorgaba a sus poseedores una obvia ventaja competitiva.
Puesto que quien los poseía tuvo más descendencia, se convirtieron en genes
dominantes. Los investigadores actualmente aceptan que el cerebro humano sigue
evolucionando, no deja de evolucionar. Se desarrolla hasta los 45 años y nace
con un 25% de su desarrollo.
Homo
Sapiens:
Reino:
animal
Orden:
primate
Familia:
Homínidos (el primer homínido fue el Australopithecus)
Género: Homo.
Especie
humana: Homo Hábilis, Homo Erectus; Homo Neanderthal, Homo Floresiensis, Homo
Sapiens.
Primero
hombre moderno: Hombre de Cro-Magnon
Bibliografía
1. Adaptados
a la cultura. Pagel, Mark. 60, Barcelona : Prensa Científica
S.A., Mayo/Junio de 2013, Mente Y Cerebro Investigación y Ciencia, págs.
22-26. ISSN1695-0887.
2. Gazzaniga, Michael. ¿Qué nos hace humanos? La
explicación científica de nuestra singularidad como especie. Barcelona :
Ediciones Paidos Ibérica. Espasa Libros, S.L.U., 2010. págs. 24-50
domingo, agosto 26, 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
