En 1983, la banda británica Spandau Ballet lanzó "True", una canción que todo el mundo
reconoce como un clásico lento de los ochenta. Pero si miramos más allá de su
melodía pegadiza, lo que encontramos no es la típica declaración de amor, sino
una radiografía perfecta de la timidez, los nervios y el miedo a quedar
expuestos.
El miedo a desnudarse el alma
La historia detrás de la canción es muy humana. Gary Kemp, el
guitarrista del grupo, estaba secretamente enamorado de Clare Grogan, una
cantante de la época. Como era increíblemente tímido y no se animaba a
decírselo a la cara, decidió escribirle una canción.
El gran acierto de "True" es que habla del bloqueo que sufrimos
cuando intentamos ser honestos. La frase clave lo dice todo: “Why do I find it hard to write the next line?” (¿Por
qué me cuesta tanto escribir la siguiente línea?). Es el pánico de la hoja en
blanco provocado por los nervios.
Para protegerse de ese miedo a ser rechazado, Kemp se escondió detrás de
los libros y la música. Usó frases de la novela Lolita de Nabokov
(como "extremidades marinas" para hablar del verano, o "una
pastilla ansiolítica en la lengua" para describir cómo intentaba calmar la
ansiedad que ella le provocaba) y armó un ritmo inspirado en su ídolo, Marvin
Gaye. En el fondo, el autor usó la poesía y sus gustos musicales como un escudo
para no mostrarse tan vulnerable.
La única certeza en medio del caos
A pesar de dar tantas vueltas y esconderse detrás de metáforas
complejas, en el estribillo la canción se limpia por completo y lanza una
verdad directa: “I know this much is true” (Sé que
al menos esto es verdad).
Aquí hay una lección de vida muy profunda. Cuando estamos muy
emocionados, entramos en crisis: nos tiemblan las piernas, nos faltan las
palabras y el entorno nos abruma. Sin embargo, en medio de ese terremoto
interno, hay tres cosas que se mantienen firmes:
- El sentimiento va más
rápido que las palabras: La palabra "amor" es un molde
que le queda chico a lo que sentimos dentro. Las palabras pueden fallar o
sonar ridículas, pero lo que uno siente en el
pecho es una realidad que no necesita diccionarios.
- El corazón no pide permiso: Uno
puede controlar lo que hace o lo que dice. Puede faltarnos el coraje para
cruzar la habitación y hablarle a esa persona, pero la falta de valentía
no borra el sentimiento. No podemos decidir dejar de sentir algo por
decreto de nuestra mente.
- La verdad no depende del
momento: El contexto nos puede decir que es una locura, que es un mal
momento o que da vergüenza. Pero el sentimiento es un hecho real dentro de
nosotros que no necesita la aprobación de nadie para existir. Filósofos
como Baruch Spinoza o David Hume
argumentaban que la razón y la voluntad son, en última instancia, esclavas
de las pasiones. Usted puede controlar su comportamiento, pero no puede
decidir, por un mero acto de voluntad, dejar de sentir lo que siente. La
falta de valor demuestra la fragilidad del sujeto para lidiar con el mundo
exterior, pero subraya la solidez del sentimiento como una fuerza autónoma
que habita en él.
Por qué la verdad nos parece hermosa
Este análisis nos ayuda a entender por qué las grandes verdades de la
vida siempre nos generan un sentimiento de belleza. No importa si es una gran
verdad sobre el universo, una idea clara sobre la sociedad o una confesión de
amor: cuando algo es verdadero, sentimos una especie de
alivio, un clic en la cabeza donde todo encaja.
La belleza no es un adorno superficial; es la alarma que tiene nuestra
mente para avisarnos que hemos encontrado algo real y auténtico. Al final,
cuando las palabras fallan y el coraje nos abandona, lo que sentimos y la
belleza de esa verdad es lo único que permanece en pie.

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