miércoles, febrero 19, 2014

ILUSIÓN DE CAUSALIDAD

En la ilusión de causa, subyacen distintas tendencias innatas  que interrelacionadas provocan que la mayoría de las personas caigan presa de ella independientemente de su nivel cultural. Estas surgen del hecho de que nuestra mente tiene la predisposición a detectar sentido a partir de ciertos patrones, a inferir relaciones causales de las coincidencias y a asumir que los acontecimientos anteriores causan los posteriores.
Christopher Chabris y Daniel Simons (1) en su libro “El gorila invisible”,  dedican un capítulo a el salto a la conclusión y atribuyen la ilusión de causa a:
1.      1. Atracción intrínseca hacia las narraciones cronológicas
2.      2. Mecanismos exagerado de detección de patrones
3.      3. Salto injustificado de la correlación a la causa. Salto a la conclusión
      
      Atracción intrínseca hacia las narraciones cronológicas.
Los relatos personales son más memorables y se adhieren a nuestra mente durante más tiempo que los datos abstractos. Los casos individuales cronológicamente coherentes permanecen en nuestra mente; las estadísticas y promedios no. Las anécdotas de por sí son más persuasivas que las estadísticas. Por ejemplo, un problema central para combatir las anécdotas médicas es que en cualquier tratamiento hay personas que mejoran y otras no. Y tendemos a recordar únicamente los primeros casos y a suponer que el tratamiento fue la causa. Lo que por lo general no hacemos es comparar las tasas de mejoría con y sin este. Puede ser difícil superar una creencia que se ha formado a partir de relatos conmovedores. Nuestro cerebro evolucionó bajo condiciones en las cuales la única evidencia de que disponíamos era la que experimentábamos nosotros mismos y la que escuchábamos de otros en quienes confiábamos. Nuestros ancestros carecían de accesos a grandes conjuntos de información, estadísticas  y métodos experimentales.

Mecanismos exagerados de detección de patrones
La percepción de las formas constituye una de las facultades más importantes que nos permiten percibir el mundo que nos rodea. Los órganos de los sentidos nos proporcionan una serie de datos incoordinados y es el cerebro, al relacionar entre sí los elementos, el que adjudica significado a la información registrada. Los representantes de la escuela berlinesa de la psicología de la Gestalt descubrieron una serie de leyes que en su opinión, rigen el proceso perceptivo y justifican su idea básica que estriba en que, el todo es más que la suma de las partes.
La percepción de patrones es central en nuestras vidas, podemos reconocer a un amigo que camina por la calle exclusivamente a partir de su patrón de movimiento. Nuestro sistema visual tiene un problema difícil que solucionar en lo que hace a reconocer caras, objetos y palabras. De todas maneras en tan solo una décima de segundo, nuestro cerebro puede distinguir un rostro de otros objetos. Pero ver objetos que se asemejan a rostros induce una actividad en un área del cerebro denominada circunvolución fusiforme, que es altamente sensible a los rostros reales. Inmediatamente de ver un objeto que se asemeja a un rostro, nuestro cerebro lo trata como si lo fuera y lo procesa de modo diferente a como procesa otros objetos. Algunos de los ejemplos más notables de percepción fallida de patrones incluyen la detección de rostros en lugares inusuales, como ver el rostro de Jesús en una montaña nevada.  
Los médicos buscan combinación de síntomas que forman un patrón, lo que les permite inferir una causa y hacer el diagnóstico. No podemos evitar no ver sino patrones en el mundo y hacer predicciones sobre la base de ellos. Pero a veces, creemos ver patrones donde no los hay, y donde sí existen los percibimos mal. Tendemos en forma sistemática a percibir lo regular en lugar de lo azaroso y a inferir causas más que coincidencias. Y, en general, desconocemos por completo esas tendencias. La ilusión de causa surge cuando vemos patrones en lo azaroso. Además nuestras creencias causales intuitivas nos llevan a percibir patrones acordes a ellas. La tendencia de la mente humana a percibir de manera indiscriminada patrones visuales de modo azaroso recibe el nombre de “pareidolia”.

Salto injustificado de la correlación a la causa. Salto a la conclusión
Temple Grandin y Catherine Johnson (2) en su libro ”Interpretar a los animales”,  nos explican los detalles de cómo todos los animales y seres humanos poseen la tendencia innata a la confirmación. Somos propensos a creer que si dos fenómenos ocurren de forma casi simultánea no es una casualidad, sino que el primer suceso es la causa del segundo.
Por ejemplo, si metemos a una paloma en una jaula con un interruptor que se enciende justo antes que aparezca un poco de comida, la paloma empezará enseguida a picotear el interruptor para obtener comida. Lo hace porque su tendencia a la confirmación la induce a creer que el primer suceso (el interruptor que se enciende) causa el segundo (la aparición de la comida). La paloma suele picotear el interruptor un par de veces, la comida aparece –porque siempre lo hace cuando se enciende el interruptor – y entonces llega a la conclusión de que picotear el interruptor cuando está encendido causa la aparición de la comida. 
La tendencia a la confirmación está incluida en el cerebro animal y humano, y nos ayuda a aprender. Aprendemos porque nuestra única suposición es que, si al suceso 1 lo sigue directamente el suceso 2, entonces el suceso 1 causó el suceso 2. Nuestra suposición por defecto no es que el suceso 1 y el suceso 2 hayan ocurrido al mismo tiempo por casualidad. La casualidad es, en realidad, un concepto muy avanzado tanto para los animales como para las personas. La estadística nos enseña que una correlación no es automáticamente una causa, pero nuestros cerebros están conectados para ver las correlaciones como causa. 
Hacer conexiones causales infundadas da origen a la superstición. Es probable que muchas supersticiones se deban a una asociación accidental entre dos cosas que en realidad no están relacionadas.
Casualmente uno lleva puesta la camisa azul el día que aprobó el examen de matemáticas y tal vez llevara también la camisa azul el día que ganó un premio en el parque de diversiones, así que ahora cree que la azul es su camisa de la suerte.
La gente y los animales crean supersticiones del mismo  modo. Nuestros cerebros nos permiten ver conexiones y correlaciones, no coincidencias y casualidades. Nuestros cerebros están conectados para creer que una correlación también es una causa.
La única manera de comprobar de forma definitiva si una asociación es causal es hacer un experimento. En donde se varía un factor en forma sistemática, conocido como variable independiente, para ver su efecto sobre otro factor, la variable dependiente. Limitarse a medir dos efectos y mostrar que ocurren a la vez no implica que uno sea la causa del otro. Inferir causalidad de manera crítica depende de la aleatoriedad. Sin realizar el experimento y estimar la aleatoriedad, la asociación puede ser el mero equivalente científico de una coincidencia. Correlación no implica causalidad. Es importante tenerlo presente porque funciona contra la ilusión de causa. Es particularmente difícil internalizarlo, y conocer el principio en abstracto no contribuye en mucho a inmunizarnos contra el error.
Sobre la percepción de causalidad Daniel Kahneman (3) señala que si un primer objeto se halla en movimiento e inmediatamente comienza a moverse un segundo objeto vecino aún sin contacto físico real la poderosa ilusión de causalidad nos hace creer que si el segundo objeto empieza a moverse inmediatamente es por causa del primer objeto. Y que algunos experimentos han demostrado que niños de seis meses ven la secuencia se sucesos como una relación causa efecto, y manifiestan sorpresa cuando la secuencia es alterada. Es evidente que estamos predispuestos desde que nacemos a tener impresiones de causalidad.
La gente tiende a aplicar el pensamiento causal de manera inapropiada a situaciones que requieren un razonamiento estadístico. Desafortunadamente el sistema 1 (pensamiento rápido) no tiene capacidad para este modo de razonar. Pero el sistema 2 (pensamiento lento) puede aprender a pensar estadísticamente, pero pocas personas reciben la capacidad necesaria. La medida del éxito del Sistema 1 es la coherencia de la historia que se ocupa de crear. La cantidad y la cualidad de los datos en los que la historia se basa son en gran parte irrelevantes. Cuando la información es escasa, cosa que comúnmente ocurre, el Sistema 1 opera como una máquina de saltar a las conclusiones. Lo que importa para una buena historia es la consistencia de la información, no que sea completa. A menudo conocer poco hace más fácil encajar cualquier cosa que conozcamos en un diseño coherente pero puede originar  sesgos cognitivos  que surgen por la confianza excesiva, efectos marco y tasa base ignorada.
La dificultad que tenemos con la regularidad estadística es que esta demanda un enfoque diferente. En vez de centrarse en la manera que se produjo el suceso en cuestión, el punto de vista estadístico lo relaciona con lo que podría haber sucedido en lugar de lo que sucedió. Nada en particular hizo que se produjera lo que se produjo; la posibilidad vino dada entre sus alternativas y trata de demostrar la ocurrencia por azar. Nuestra predilección por el pensamiento causal nos expone a serios errores en la evaluación de la aleatoriedad de sucesos realmente aleatorios.
En 1985 la investigación de Thomas  Gilovich, Robert Vallone y Amos  Tversky (4) originó un revuelo al analizar miles de secuencias de lanzamientos en el basquetbol porque condujo a una conclusión decepcionante: no hay algo así como una buena mano, buena tirada o buena racha en el basquetbol profesional, ni en los lanzamientos desde el campo ni en las faltas. Por supuesto, algunos jugadores son más precisos que otros, pero la secuencia de logros y lanzamientos fallidos satisface todos los test de aleatoriedad. La buena racha está enteramente en los ojos de los espectadores, que con demasiada rapidez perciben orden y causalidad en la aleatoriedad. En fenómeno de la “mano caliente” o de la “buena mano” es una ilusión cognitiva masiva y extendida. Estamos demasiados dispuestos a rechazar la creencia de que mucho de lo que vemos en la vida es azar. La "falacia de la mano caliente" (en ingles “Hot - Hand Fallacy”) es la creencia errónea de que una persona que ha experimentado el éxito con un evento al azar tiene una mayor posibilidad de un mayor éxito en los intentos adicionales. La ley de los pequeños números origina confianza exagerada en las muestras pequeñas. Prestamos más atención al contenido de los mensajes que a la información sobre su fiabilidad, y como resultado terminamos adoptando una visión del mundo que nos rodea más simple y coherente de lo que justifican los datos.
Edgardo Marecos (5) en su trabajo, “La causalidad, casualidad y la medicina”, nos recuerda los criterios epidemiológicos de causalidad que fueran propuestos en 1965 por Sir Austin Bradford Hill y que siguen hoy vigentes:
1.      1. Temporalidad o secuencia temporal: el criterio se refiere a que el factor analizado antecede en el tiempo a la aparición o desarrollo de un efecto.
2.      2. Intensidad o fuerza de la asociación: criterio relacionado con aquellos indicadores epidemiológicos que valoran la fuerza o intensidad de la relación estadística entre una causa y su efecto.
3.      3. Gradiente biológico: este criterio sustenta que a mayor exposición, mayor probabilidad de ocurrencia del efecto..
4.      4. Especificidad: criterio que nos dice que cuando más específica es la relación entre una causa y su efecto mayor es la probabilidad de una relación causal. La causalidad es probable si la población es específica, el sitio es específico y no hay otra explicación que la justifique
5.      5. Verosimilitud o Plausibilidad biológica: este criterio se refiere a que existe un mecanismo que explica la relación entre el factor analizado y el efecto con el que se asocia.
6.      6. Coherencia: se refiere a que la coherencia entre los resultados epidemiológicos y de laboratorio aumenta la probabilidad de un efecto, no debiendo entrar además en conflicto con lo conocido y aceptado.
7.      7. Analogía: se refiere a que efectos similares pueden ser considerados como aval.
8.      8. Experimento: criterio que apela la posibilidad de la evidencia experimental tanto para la exposición a la causa como para cesación de la misma.
9.      9. Consistencia: el criterio se cumple cuando se obtienen resultados semejantes por diversos investigadores, o utilizando diferentes metodologías
Conclusión: Somos buscadores de patrones, creyentes en un mundo coherente en el que las regularidades no se producen accidentalmente, sino cómo efecto de la causalidad mecánica o de la intención de alguien. No esperamos ver una regularidad producida por un proceso aleatorio. La difundida mala comprensión de la aleatoriedad tiene a veces consecuencias significativas. No hay duda de que un director ejecutivo es oficialmente responsable del rendimiento de una empresa, pero atribuir los éxitos y los fracasos de una empresa a la persona que está en el lugar más alto es una ilustración clásica de la ilusión de causa. Saltar a la conclusión es un deporte que en el mundo de nuestra imaginación es más seguro de lo que es en la realidad.

Bibliografía 
1. Chabris, Christopher y Simons, Daniel. El gorila invisible: y otra maneras en las que nuestra intuición nos engaña. Buenos Aires : Siglo Veintiuno Editores, 2011. págs. 181-218. ISBN 978-987-629-168-2.
2. Grandin, Temple y Johnson, Catherine. Interpretar a los animales: como el autismo puede ayudar a comprender su comportamiento. Buenos Aires : Del Nuevo Extremo: RBA, 2006. págs. 111-114. ISBN 987-1068-98-0.
3. Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar despacio. Buenos Aires : Debate, 2012. págs. 147-160. ISBN 978-987-1786-40-4.
4. The hot hand in Basketbal: On the misperception of random sequencesl. Gilovich, T, Vallone, R y Tversky, A. 1985, Cognitive Psychology, Vol. 17, págs. 295-314.
5. La causalidad, la casualidad y la medicina. Marecos, Edgardo A. Corrientes : Facultad de Medicina UNNE, Febrero de 2001, Revista de posgrado de la Cátedra VIa Medicina ,págs. 14-20.





    

No hay comentarios.: