lunes, octubre 19, 2026

NEURONAS VS IA


 


(Literatura digital)

Una pregunta aparentemente sencilla puede conducirnos a uno de los problemas más profundos de la ciencia: ¿Cómo es posible que estructuras físicas que individualmente no comprenden nada, al organizarse e interactuar, permitan desarrollar inteligencia, conocimiento y consciencia?

Para intentar responderla, podemos comparar el funcionamiento del cerebro humano con el de la inteligencia artificial:

1. El cerebro humano: neuronas y conexiones

El cerebro humano contiene aproximadamente 86.000 millones de neuronas. Cada una puede recibir, en términos generales, entre 1.000 y 10.000 conexiones sinápticas, aunque existen importantes variaciones.

Las neuronas reciben señales electroquímicas, las integran y generan respuestas que se transmiten a otras neuronas.

Una neurona aislada no conoce nuestro nombre, no recuerda nuestra historia ni comprende quiénes somos. Sin embargo, la actividad coordinada de enormes redes neuronales hace posibles la memoria, el lenguaje, el razonamiento, el aprendizaje y la construcción de nuestra identidad personal.

Esto nos introduce en un concepto fundamental de la teoría de sistemas complejos: la emergencia. La organización e interacción de múltiples componentes puede dar lugar a propiedades que no encontramos en cada componente considerado aisladamente.

2. La computadora: del silicio a la inteligencia artificial

A diferencia del cerebro, la computadora no está construida con células vivas.

Su estructura física utiliza principalmente silicio, un material semiconductor con el que se fabrican los transistores.

Un transistor es un dispositivo electrónico microscópico que permite controlar el paso de la corriente eléctrica. Combinando miles de millones de transistores se construyen circuitos capaces de realizar operaciones lógicas y matemáticas.

La secuencia puede resumirse así:

Silicio → transistores → circuitos electrónicos → procesadores → operaciones matemáticas → redes neuronales artificiales.

 

Tanto para el oído (micrófono) como para el ojo (cámara) del celular, el paso físico fundamental es convertir la energía de la naturaleza en electricidad.

Funciona como un reflejo de nuestros propios sentidos:

  • En la voz: El micrófono imita a nuestro oído. Traduce la energía mecánica (la vibración del aire) en impulsos eléctricos.
  • En la foto: El sensor de la cámara imita a nuestros ojos. Tiene millones de micro-espejos o celdas sensibles que captan la energía lumínica (los fotones de luz) y la transforman en corriente eléctrica.

Una vez que ambas cosas (sonido y luz) ya son electricidad, el procesador del teléfono hace exactamente el mismo trabajo en los dos casos: mide la intensidad de esa corriente miles de veces, le asigna números y se los entrega a la inteligencia artificial para que empiece a "pensar".

 

Una neurona artificial no es una célula ni un transistor individual. Es una unidad matemática que recibe valores numéricos, los combina mediante parámetros y produce un resultado.

Los parámetros aprendidos se almacenan como información numérica y son utilizados por los circuitos electrónicos durante el procesamiento.

Por lo tanto, una computadora no necesita reproducir físicamente las neuronas humanas para desarrollar determinadas capacidades cognitivas.

3. ¿Cómo puede una computadora aprender y comprender?

Las redes neuronales artificiales se entrenan procesando enormes cantidades de información y modificando sus parámetros matemáticos.

Durante ese aprendizaje desarrollan representaciones que les permiten reconocer regularidades, establecer relaciones entre conceptos, realizar inferencias y resolver problemas nuevos.

4. La inteligencia no depende exclusivamente del material

Aquí aparece una cuestión especialmente interesante.

El cerebro utiliza neuronas, sinapsis, neurotransmisores y señales electroquímicas.

La inteligencia artificial utiliza semiconductores, transistores, circuitos electrónicos y operaciones matemáticas.

Son estructuras físicas profundamente diferentes, pero ambas pueden procesar información, reconocer patrones y construir representaciones.

Esto sugiere que algunas capacidades inteligentes dependen no solamente del material del sistema, sino también de la manera en que sus componentes están organizados y procesan información.

No significa que el cerebro y la inteligencia artificial funcionen de manera idéntica, ni que tengan las mismas capacidades o experiencias.

Significa que determinadas funciones cognitivas pueden desarrollarse mediante organizaciones físicas diferentes.

5. “Ninguna de tus neuronas sabe quién eres …… ni le importa” (Eduardo Punset)

Una neurona individual no contiene toda mi historia, mis recuerdos, mis conocimientos ni mi identidad.

Pero la actividad organizada de miles de millones de neuronas permite que pueda reconocerme, recordar mi pasado, pensar sobre mis pensamientos y construir una representación de mí mismo.

Esta capacidad se relaciona con la autorrepresentación y la metacognición.

Sin embargo, debemos distinguir dos fenómenos.

Uno es que el cerebro construya una representación de nuestra identidad.

Otro, mucho más difícil de explicar, es por qué esa actividad neuronal está acompañada por la experiencia subjetiva de sentir que somos nosotros mismos.

Es el problema de la consciencia.

La emergencia de capacidades cognitivas complejas puede estudiarse científicamente, pero todavía no contamos con una explicación definitiva de cómo surge la experiencia subjetiva.

6. Inteligencia, comprensión y consciencia

Tres fenómenos relacionados, pero diferentes:

  • Procesar información: recibir señales, transformarlas y producir resultados.
  • Comprender: construir representaciones, establecer relaciones y utilizar conocimientos para interpretar situaciones nuevas.
  • Tener consciencia: experimentar subjetivamente nuestros estados mentales y, entre otras capacidades, reconocernos como sujetos de nuestra propia experiencia.

La inteligencia artificial demuestra que es posible desarrollar capacidades complejas de procesamiento, aprendizaje, razonamiento y generalización mediante sistemas electrónicos.

Pero esto no demuestra, por sí solo, que esos sistemas posean experiencia subjetiva.

La relación entre inteligencia y consciencia continúa siendo uno de los grandes problemas abiertos de la ciencia y la filosofía.

Reflexión final

En ese recorrido descubrimos que una neurona no comprende por sí sola quiénes somos, del mismo modo que un transistor no comprende las operaciones matemáticas en las que participa.

Sin embargo, la organización de miles de millones de componentes permite desarrollar sistemas con capacidades extraordinarias.

La comparación entre el cerebro humano y la inteligencia artificial nos invita a pensar que para comprender un sistema complejo no alcanza con conocer sus componentes: también necesitamos comprender sus relaciones, su organización y las propiedades que emergen de su funcionamiento conjunto.

Y queda abierta una pregunta fundamental:

Si ninguna de mis neuronas sabe quién soy, ¿Cómo es posible que yo sepa quién soy?

Quizás esa pregunta sintetice uno de los mayores desafíos científicos y filosóficos de nuestro tiempo: comprender cómo la actividad de la materia organizada puede dar lugar no solamente a la inteligencia, sino también a la experiencia consciente de nuestra propia existencia.

 


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