domingo, enero 11, 2026

¿QUÉ NOS HACE HUMANOS?

 


PODCAST


(Literatura digital)

La pregunta parece simple, casi infantil. Y, sin embargo, cuando uno la toma en serio, abre un campo inmenso: biología, cultura, lenguaje, moral, historia, espiritualidad. No somos solamente un organismo más en la escala evolutiva, pero tampoco somos una excepción mágica fuera de la naturaleza. Somos, más bien, una extraña combinación de herencia biológica, transmisión cultural y construcción de sentido.

Un texto reciente que leí propone una respuesta interesante desde dos perspectivas complementarias. Por un lado, la mirada científica de autores como Mark Pagel y Michael Gazzaniga; por otro, la mirada humanista del Evangelio de Lucas. Ambas parecen hablar idiomas distintos, pero en realidad se necesitan mutuamente.

Desde el punto de vista evolutivo, la tesis es clara: la cultura nos hizo humanos. Cultura no entendida como arte o refinamiento, sino como algo mucho más elemental y poderoso: la capacidad de transmitir conocimientos, habilidades y tecnologías entre personas y generaciones. A diferencia de otros animales, los humanos no empezamos cada vida desde cero. Heredamos una memoria colectiva: herramientas, lenguajes, prácticas, normas, saberes. Vivimos apoyados en lo que otros ya descubrieron antes.

Esta transmisión cultural se sostiene sobre dos grandes pilares.

El primero es el aprendizaje social: la capacidad de observar, imitar, corregir y perfeccionar lo que hacen los demás. No solo copiamos gestos o conductas simples; copiamos técnicas complejas, formas de organización, modos de resolver problemas. Cada generación no repite la historia: la continúa.

El segundo pilar es la teoría de la mente: la capacidad de atribuir al otro una vida interior. Entendemos que el otro tiene intenciones, deseos, miedos, creencias. Esta capacidad nos permite cooperar, confiar, enseñar, anticipar conductas, construir vínculos duraderos. Sin ella no habría sociedad propiamente dicha, sino apenas convivencia biológica.

Estos dos mecanismos explican por qué la especie humana desarrolló una cultura acumulativa, expansiva, creativa. Desde esta mirada, lo humano se define por una arquitectura cognitiva que hace posible la transmisión simbólica y la cooperación compleja.

Pero aquí aparece una pregunta incómoda:
¿alcanza con esto para decir que somos verdaderamente humanos?

La historia muestra que una cultura altamente desarrollada puede coexistir con la violencia, la exclusión, la crueldad, la deshumanización. Podemos transmitir técnicas sin transmitir humanidad. Podemos educar sin formar personas. Podemos ser eficientes sin ser justos.

Es aquí donde la mirada de Lucas introduce otra dimensión decisiva. En el Evangelio, lo humano no se define por lo que sabemos hacer, sino por cómo miramos y tratamos al otro. La vida se humaniza cuando el otro deja de ser un objeto, un medio, un obstáculo o un enemigo, y vuelve a ser un rostro, una historia, una dignidad.

Empatía, compasión y misericordia no aparecen como virtudes decorativas, sino como el núcleo mismo de lo humano. No se trata solo de comprender intelectualmente al otro, sino de dejarse afectar por su fragilidad y actuar en consecuencia. La humanidad no es solamente una capacidad cognitiva; es una práctica cotidiana.

Dicho de otro modo:

  • La ciencia nos explica cómo llegamos a ser humanos: mediante la cultura, el aprendizaje social y la mente compartida.
  • El humanismo —y en este caso Lucas— nos recuerda cómo no dejar de ser humanos: reconociendo al otro como alguien y no como algo.

Tal vez ahí esté una síntesis fértil:
somos una especie capaz de transmitir conocimiento, pero solo nos realizamos plenamente cuando también transmitimos humanidad. La cultura nos dio herramientas para transformar el mundo; la misericordia nos enseña para qué vale la pena transformarlo.

Y quizá, en tiempos donde la tecnología acelera todo —también nuestras capacidades de poder—, esta doble pregunta vuelve a ser urgente: no solo qué podemos hacer como humanos, sino quiénes queremos ser mientras lo hacemos.

 

 


sábado, enero 10, 2026

MEDICINA FAMILIAR Y SU RELACIÓN CON EL HUMANISMO DE LUCAS Y EL PENSAMIENTO ESTOICO

 



(Literatura digital)

Una lectura humanista del Evangelio de Lucas

Cuando uno se acerca al Evangelio de Lucas sin anteojeras dogmáticas, aparece algo muy interesante: no tanto un tratado religioso sobre la salvación del alma, sino una profunda reflexión sobre la vida humana, la convivencia y el modo en que nos tratamos unos a otros.

Lucas narra biografías concretas: pobres, enfermos, extranjeros, mujeres invisibilizadas, ricos desorientados, caminantes cansados. No idealiza al ser humano; lo muestra frágil, incompleto, contradictorio. Y es precisamente ahí donde introduce su gran intuición: cuando la vida humana es atravesada por la misericordia, puede transformarse en un lugar de salvación, de alegría y de recomposición del sentido.

Pero ¿qué entendemos por misericordia?

La palabra, tal como la usamos hoy, está cargada de resonancias religiosas, morales y hasta piadosas. Sin embargo, su origen bíblico es mucho más corporal y humano. En el hebreo antiguo, la raíz rajám remite al vientre materno, a las entrañas, a una reacción visceral de cuidado frente a la fragilidad del otro. Misericordia no era una idea: era una experiencia física de conmoción y protección. Otra raíz, jésed, incorporó la dimensión del compromiso, de la fidelidad al vínculo, de la lealtad sostenida en el tiempo.

Cuando estas palabras fueron traducidas al griego y luego elaboradas por la teología, fueron perdiendo parte de su espesor corporal y relacional, y se volvieron progresivamente conceptos morales y atributos divinos. Allí nace la ambigüedad: una palabra que originalmente hablaba de cuerpos, vínculos y cuidado concreto terminó asociándose casi exclusivamente al perdón celestial y a la salvación trascendente.

Lucas, sin embargo, conserva algo esencial de esa raíz encarnada. La misericordia en su Evangelio no se define por conceptos, sino por escenas: un extranjero que se detiene ante un herido, un padre que corre a abrazar a su hijo, una mesa compartida con excluidos, un cuerpo tocado cuando la norma lo prohíbe. La misericordia no se piensa: se vive.

Desde allí, es posible leer a Lucas en doble registro. Por un lado, en clave religiosa, la misericordia aparece como atributo de Dios: un amor gratuito que restaura, perdona y vuelve a empezar. Por otro lado —y esto es lo más potente— se convierte en una ética humana concreta: reconocimiento del otro como plenamente digno, desarme de jerarquías degradantes, hospitalidad, inclusión, reparación de vínculos, cuidado cotidiano.

La misericordia, traducida a un lenguaje contemporáneo, podría llamarse también humanidad activa, reconocimiento radical, respeto profundo, cuidado del otro, ética de la convivencia. No como ideal abstracto, sino como práctica encarnada, terrenal, cotidiana, sin expectativa de recompensa.

En este marco, surge una pregunta inevitable: ¿los actos misericordiosos demuestran la existencia de Dios? La respuesta honesta es no, al menos no en sentido lógico o científico. Un gesto humano puede ser interpretado como altruismo, empatía, cultura, biología o espiritualidad, según el marco del observador. No obliga a ninguna conclusión metafísica. Pero sí puede funcionar como signo o testimonio para quien ya está abierto a una lectura espiritual: no prueba a Dios, pero puede volverlo imaginable o creíble. En todo caso, la misericordia no prueba a Dios; prueba a la humanidad.

Aquí aparece otra distinción clave: la espiritualidad no opera en el mismo plano que el conocimiento racional. No es demostración ni argumento. Es experiencia vivida: resonancia emocional, sensación de coherencia, gratitud, reconciliación, sentido. No es irracional, pero sí pre-racional o trans-racional. Pertenece al territorio de lo vivido, no de lo calculado.

Dicho de otro modo: podemos comprender la misericordia como una práctica humana que mejora la convivencia, dignifica a las personas y transforma la vida cotidiana, independientemente de cualquier creencia religiosa. Y, al mismo tiempo, quien lo desee puede leer en esa experiencia una dimensión espiritual, como una interpretación de sentido, no como una prueba.

Quizás ahí resida la vigencia profunda del Evangelio de Lucas: no en imponer una doctrina, sino en recordarnos que la vida se humaniza cuando el otro deja de ser un objeto, un enemigo o un problema, y vuelve a ser un rostro, una historia, una dignidad.

Es tentador preguntarse si la fuerte valoración de la empatía y la compasión que aparece en Lucas no está influida por el clima cultural del mundo griego, particularmente por el estoicismo, que impregnaba buena parte de la educación y de la sensibilidad moral de la época. En efecto, hay resonancias claras: el universalismo humano, la idea de una fraternidad que trasciende fronteras, la crítica al apego al poder y a la riqueza, y la concepción de la ética como una forma concreta de vida. Sin embargo, la distancia también es profunda. Mientras el ideal estoico privilegia la autosuficiencia racional y la imperturbabilidad frente al sufrimiento, Lucas coloca en el centro la vulnerabilidad, la conmoción afectiva y el cuidado del otro como motor ético. Más que un evangelista “estoico”, Lucas parece dialogar con esa cultura sin quedar atrapado en ella, manteniendo una mirada profundamente encarnada, relacional y humana, quizá también afinada por una sensibilidad clínica hacia el dolor y la fragilidad. En ese cruce entre cultura helenística y experiencia concreta, la misericordia deja de ser una abstracción moral y se vuelve una práctica viva de humanidad.


🌿 Interludio narrativo

Un diálogo imaginario entre Lucas y un estoico

A veces una idea se entiende mejor cuando deja de ser concepto y se vuelve escena. Imagino a Lucas conversando con un filósofo estoico, en algún pórtico del Mediterráneo.

Estoico: Dices que tu enseñanza se apoya en la compasión. ¿No temes que las emociones perturben el juicio?

Lucas: No hablo de una emoción que nubla la razón, sino de algo que nace en las entrañas. Cuando uno ve al herido y no se conmueve, algo esencial de lo humano se endurece.

Estoico: El sabio busca serenidad. La imperturbabilidad protege la libertad interior.

Lucas: De acuerdo. Pero si esa serenidad nos vuelve impermeables al dolor ajeno, ¿no roza la indiferencia?

Estoico: Creemos que todos los hombres comparten la misma razón. Somos ciudadanos del mundo.

Lucas: Ahí coincidimos. Pero la fraternidad no se prueba en una idea, sino en un gesto: detenerse, tocar, hacerse cargo.

Estoico: El deber basta, aun sin afecto.

Lucas: A veces el afecto despierta el deber. El cuerpo entiende antes que el razonamiento.

Estoico: Buscamos autosuficiencia.

Lucas: Yo observo interdependencia. Nadie se salva solo.

Estoico: ¿No es peligroso dejarse afectar tanto?

Lucas: Tal vez. Pero también es peligroso no dejarse afectar nunca. La vida se vuelve más segura… y menos humana.

Permanecen unos segundos en silencio.

Estoico: Quizás buscamos lo mismo con lenguajes distintos.

Lucas: Tal vez. Solo que yo creo que la dignidad no se piensa solamente: se toca.

Este breve intercambio sintetiza la cercanía y la distancia entre ambos mundos: un mismo anhelo de dignidad humana, pero dos caminos distintos. El estoico privilegia la autosuficiencia racional; Lucas coloca en el centro la vulnerabilidad compartida y el cuidado concreto del otro.


🌿 Llegando a los tiempos actuales y pensando en la formación académica del médico de familia moderno, es posible reconocer una doble herencia cultural que convive, muchas veces sin hacerse explícita. Por un lado, una fuerte impronta del pensamiento estoico: el valor de la racionalidad, el autocontrol emocional, la templanza frente a la incertidumbre, la capacidad de decidir bajo presión y la responsabilidad frente al deber profesional. Por otro, una sensibilidad profundamente humanista, cercana a la mirada de Lucas: la centralidad de la empatía, la atención a la fragilidad concreta de las personas, la escucha, el cuidado del vínculo, la dignidad del paciente más allá del diagnóstico y la comprensión de la medicina como una práctica relacional antes que meramente técnica. Entre la serenidad del estoico y la compasión encarnada de Lucas se configura una de las tensiones más fecundas de la medicina contemporánea: sostener la lucidez clínica sin perder la humanidad del encuentro.



jueves, enero 08, 2026

EVOLUCIÓN CULTURAL ENERO 2026

 



(Literatura digital)

Las grandes transformaciones culturales no nacen del impacto inmediato de una idea brillante, sino de un lento proceso de incubación invisible.

No son las ideas, por sí solas, las que cambian una cultura, sino las condiciones que les permiten volverse necesarias.

Cuando una idea logra tocar una necesidad humana profunda y, en un determinado contexto histórico, encuentra un punto de apoyo simultáneo en el orden económico y en el sistema simbólico que le da sentido y legitimidad, se vuelve capaz de producir una transformación histórica duradera.

Cuando hablo de sistema simbólico no me refiero solamente a la religión o a una ideología explícita, sino al entramado de narrativas, valores, lenguajes, prácticas e instituciones que una sociedad utiliza para darle sentido, legitimidad y orientación a su experiencia del mundo. Es un sistema invisible, aprendido por inmersión más que por enseñanza formal, que organiza lo que una cultura considera posible, deseable y verdadero.

Desde mi propia experiencia vital, lejos de percibir una decadencia generalizada, tengo la sensación profunda de que hoy se vive mejor que en el pasado, aun reconociendo los conflictos, desigualdades y nuevas incertidumbres. La historia humana parece mostrar, no una línea recta, sino una tendencia persistente a aprender de sus errores, a ampliar derechos, a refinar cuidados y a complejizar sus sistemas de convivencia. Ese optimismo moderado, no ingenuo, también forma parte de mi propio sistema simbólico.

Cuando pienso en la tendencia de la cultura a mejorar, no lo hago en abstracto. Pienso en Tomi, en Santi, en Joaquina y también en Justina, la más pequeña, apenas comenzando a habitar el mundo. Ellos encarnan ese futuro al que, silenciosamente, las ideas, las instituciones y los sistemas simbólicos les están preparando un escenario de vida. Comprender cómo se gestan esas transformaciones invisibles es, en el fondo, una forma de responsabilidad intergeneracional.

 


lunes, enero 05, 2026

ESCRIBO

 



(Literatura digital) 

Cuando me preguntan qué hago después de jubilarme como docente universitario, contesto sin demasiadas vueltas: escribo.

La respuesta suele sorprender. Tal vez porque durante toda mi vida profesional nunca me consideré un “escritor por placer”. No escribí en ratos libres, ni como hobby, ni como forma de evasión. Siempre escribí ligado a mi profesión: como médico y como docente universitario. Historias clínicas, clases, apuntes, evaluaciones, reflexiones académicas. Escritura con función, con destinatario, con obligación.

Hoy escribo distinto. No porque haya cambiado mi historia, sino porque cambió el lugar desde donde escribo.

Con el tiempo fui comprendiendo algo simple pero decisivo: toda escritura se apoya en dos ejes básicos

1.    La forma

2.    El contenido

Durante años trabajé ambos sin pensarlo demasiado, casi de manera intuitiva. Hoy, ya sin urgencias institucionales, puedo mirarlos con más conciencia.

La forma es la arquitectura del texto. Es el orden, el ritmo, el párrafo que respira, la puntuación que guía, el título que orienta. La forma no es adorno: es hospitalidad. Es la manera en que uno recibe al lector.
En ese aspecto, herramientas como Word me resultaron fundamentales. No porque escriban por mí, sino porque me permiten revisar, corregir, mover, ajustar. Me devuelven algo muy médico: la posibilidad de volver sobre lo hecho y mejorarlo. La escritura como proceso, no como acto definitivo.

El contenido, en cambio, tiene que ver con lo que quiero decir, pero también con cómo se ordena lo que pienso. Y acá aparece una novedad impensada en otros tiempos: la inteligencia artificial conversacional.

No la vivo como un reemplazo, ni como una delegación del pensamiento. La vivo como un interlocutor. Alguien que me ayuda a arrancar, a ordenar ideas, a explorar registros distintos, a convertir intuiciones en texto. La IA no pone la experiencia; esa viene de años de medicina, docencia, lecturas y vida. Pero sí ayuda a darle forma verbal a lo que ya está.

La combinación de estas dos herramientas —una que cuida la forma y otra que acompaña el contenido— me permitió algo que no había previsto: descubrir una nueva pasión en la adultez mayor.

No se trata de “matar el tiempo”. Al contrario. Se trata de habitarlo. De transformar el ocio en algo productivo, no en términos de rendimiento, sino de sentido. Escribir se volvió un espacio propio, elegido, sin evaluaciones ni programas oficiales. Un lugar donde sigo siendo médico y docente, pero sin el peso del rol, solo con la responsabilidad de ser fiel a mi mirada.

Durante años escribí porque debía.
Hoy escribo porque puedo.

Y en ese pequeño desplazamiento encontré algo valioso: una manera de seguir pensando, compartiendo y aprendiendo, ahora como autor de mi propio tiempo.

 

domingo, enero 04, 2026

EL JUEGO DEL PENSAR: PROBABILIDAD EN MOVIMIENTO PARA TOMI Y SANTI


 PODCAST


(Literatura digital)

Se describe el proceso cognitivo de ajustar nuestras creencias iniciales basándonos en la evidencia observada. El autor utiliza una analogía futbolística para ilustrar que el pensamiento efectivo requiere flexibilidad y adaptación constante ante los cambios de la realidad. Esta metodología implica que la intuición inicial debe ser refinada por la lógica consciente y el análisis de datos nuevos. Finalmente, se vincula esta capacidad de aprendizaje con el teorema de Bayes, el cual permite cuantificar matemáticamente estas probabilidades. En resumen, pensar correctamente se define como la habilidad de actualizar juicios cuando el entorno evoluciona.

sábado, enero 03, 2026

FILOSOFÍA Y LÓGICA DEL DIAGNÓSTICO MÉDICO CIENTÍFICO

 




PODCAST

(Literatura digital)

 

Se presenta los fundamentos filosóficos, éticos y técnicos que sustentan la práctica del diagnóstico en las ciencias de la salud. El autor vincula principios del realismo y el humanismo con la aplicación rigurosa del método científico y la responsabilidad social. Se examinan detalladamente los mecanismos del razonamiento clínico, distinguiendo entre procesos analíticos conscientes y enfoques intuitivos. Asimismo, se explica la utilidad de la estadística y la probabilidad, utilizando el Teorema de Bayes para interpretar la precisión de las pruebas diagnósticas. Finalmente, se ilustra la importancia de conceptos como la sensibilidad y especificidad mediante ejercicios prácticos sobre patologías cardíacas.

1. Introducción: La Ciencia y la Ética del Diagnóstico Médico

El diagnóstico en las ciencias de la salud es un acto de profunda complejidad y responsabilidad. No se trata simplemente de aplicar una técnica o interpretar un número, sino de un ejercicio de razonamiento que se apoya en sólidos principios filosóficos y éticos. La práctica médica moderna exige un actuar basado en el conocimiento, enmarcado en lo que el filósofo Mario Bunge denominó "Cientificismo" —el uso del método científico para el diagnóstico y tratamiento— y "Praxiología científica", cuya máxima es "Conocer antes que actuar".

Esta rigurosidad se alinea con la norma ISO 26000 sobre responsabilidad social, que destaca la "Rendición de cuentas" como un pilar fundamental. El profesional debe ser capaz de justificar sus decisiones basándose en la mejor evidencia disponible. Por ello, es imperativo ir más allá de la superficie de los resultados. Este artículo aborda una pregunta central que todo clínico y paciente se ha hecho: ¿Qué significa realmente un resultado "positivo" en una prueba médica y cómo podemos estar seguros de su significado?

2. Los Pilares de una Prueba Diagnóstica

Para evaluar el rendimiento de cualquier prueba diagnóstica, es esencial comprender tres conceptos fundamentales. Estos parámetros nos permiten cuantificar la precisión y la utilidad de una prueba en un contexto determinado.

• Sensibilidad: Es la capacidad de la prueba para detectar correctamente a los individuos que tienen la enfermedad. Mide qué tan bien la prueba identifica a los verdaderos enfermos. Se calcula como la proporción de enfermos con un resultado positivo. Sensibilidad = a / (a + c)

• Especificidad: Es la capacidad de la prueba para identificar correctamente a los individuos que están sanos. Mide qué tan bien la prueba descarta la enfermedad en quienes no la padecen. Se calcula como la proporción de sanos con un resultado negativo. Especificidad = d / (d + b)

• Prevalencia: Se refiere a la proporción de individuos en una población específica que tienen la enfermedad en un momento dado. Es un indicador de qué tan común o rara es la condición que se está estudiando.

3. Organizando los Datos: La Tabla de Contingencia

La herramienta clave para visualizar y calcular el rendimiento de una prueba diagnóstica es la "Tabla de doble entrada", también conocida como "Tabla de contingencia" o "Tabla de dos por dos". Esta estructura nos permite clasificar a los individuos según su estado real de salud (enfermo o sano) y el resultado de la prueba (positivo o negativo).

Cada celda de la tabla tiene un significado preciso:

• Verdadero Positivo (VP o a): Individuos enfermos que la prueba identifica correctamente como positivos.

• Falso Positivo (FP o b): Individuos sanos que la prueba identifica incorrectamente como positivos.

• Falso Negativo (FN o c): Individuos enfermos que la prueba identifica incorrectamente como negativos.

• Verdadero Negativo (VN o d): Individuos sanos que la prueba identifica correctamente como negativos.

La estructura es la siguiente:

         | **Enfermos**         | **Sanos**            |

:---------- | :------------------- | :------------------- | Prueba (+) | Verdadero Positivo (a) | Falso Positivo (b) | Prueba (-) | Falso Negativo (c) | Verdadero Negativo (d) |

4. El Valor Predictivo Positivo (VPP): La Pregunta Clave

Mientras que la sensibilidad y la especificidad son propiedades intrínsecas de una prueba, no responden directamente a la pregunta más importante que surge en la práctica clínica. Es decir, la sensibilidad y la especificidad nos informan sobre el rendimiento de la prueba en el laboratorio, pero el VPP nos informa sobre su rendimiento en un paciente concreto dentro de una población específica. El Valor Predictivo Positivo (VPP) es la probabilidad de que un paciente con un resultado positivo realmente tenga la enfermedad. De manera complementaria, el Valor Predictivo Negativo (VPN) nos dice la probabilidad de que un paciente con un resultado negativo realmente esté sano.

Fórmula del Valor Predictivo Positivo (VPP): VPP = Verdaderos Positivos / (Verdaderos Positivos + Falsos Positivos) O, usando la nomenclatura de la tabla: VPP = a / (a + b)

En esencia, el VPP es el concepto que traduce el resultado de la prueba en una probabilidad real para el individuo. Responde a la pregunta que resuena en cada consultorio: "Doctor, si mi prueba es positiva, ¿qué tan probable es que esté enfermo?".

Para ver este concepto crucial en acción y entender cómo se aplica en la consulta diaria, analicemos un escenario clínico común.

5. Aplicación Práctica: Un Caso Clínico de Hipertensión y HVI

Analicemos el "Problema N°1": un paciente masculino de 50 años con Hipertensión Arterial (HTA) a quien se le realiza un electrocardiograma (ECG) para detectar una posible Hipertrofia Ventricular Izquierda (HVI).

Los datos clave para este escenario son:

• Prevalencia de HVI en pacientes con HTA: 30%

• Sensibilidad del ECG para HVI: 43%

• Especificidad del ECG para HVI: 95%

Si aplicamos estos datos a una población teórica de 100 pacientes hipertensos, podemos construir la siguiente tabla de contingencia:

         | **Enfermos (HVI)** | **Sanos** | **Totales** |

:---------- | :----------------- | :-------- | :---------- | Prueba (+) | VP = 12.9 (a) | FP = 3.5 (b) | 16.4 | Prueba (-) | FN = 17.1 (c) | VN = 66.5 (d)| 83.6 | Totales | 30 | 70 | 100 |

Ahora, aplicamos la fórmula del VPP con los valores de la tabla: VPP = 12.9 / (12.9 + 3.5) = 0.79.

"El cálculo nos muestra un VPP del 79%. Esto significa que, en este contexto, un paciente con hipertensión y un ECG positivo para HVI tiene un 79% de probabilidad de tener realmente la condición."

Del mismo modo, se puede calcular el Valor Predictivo Negativo (VPN), que para este caso es también del 79%, indicando una alta probabilidad de que un paciente con un ECG negativo no tenga HVI.

6. El Factor Decisivo: Por Qué la Prevalencia lo Cambia Todo

Un VPP del 79% parece razonablemente alto. Sin embargo, este valor no es una constante universal para el ECG. Como demostraremos a continuación, existe un factor que puede alterar drásticamente el poder predictivo de esta y cualquier otra prueba: la prevalencia de la enfermedad. Los siguientes ejemplos demuestran cómo una prevalencia muy baja puede anular el poder de una prueba aparentemente precisa.

6.1. Ejemplo 1: El Detector de Terroristas

Imaginemos un escenario extremo: una ciudad con 100 terroristas y 1 millón de no terroristas. Se instala una cámara con un software de detección facial que tiene un 99% de acierto y solo un 1% de error. Si la alarma suena, ¿cuál es la probabilidad de que la persona detectada sea realmente un terrorista?

• Verdaderos Positivos (VP): 99% de 100 terroristas = 99

• Falsos Positivos (FP): 1% de 1,000,000 de no terroristas = 10,000

• VPP: 99 / (99 + 10,000) = 0.009

La probabilidad de que una persona detectada por la alarma sea realmente un terrorista es de solo el 0.9%. A pesar de la alta precisión de la cámara, la bajísima prevalencia de terroristas genera una enorme cantidad de falsos positivos, haciendo que la mayoría de las alarmas sean incorrectas. Este ejemplo, aunque extremo, ilustra el inmenso riesgo de falsas alarmas en cualquier programa de cribado de baja prevalencia.

6.2. Ejemplo 2: El Cribado de una Enfermedad Rara

Consideremos ahora el "Problema N°3": una enfermedad rara que afecta a 1 de cada 1000 personas. Se aplica una prueba de cribado a la población general que tiene una tasa de falsos positivos del 5%. Asumamos una sensibilidad del 95%. Si un paciente recibe un resultado positivo, ¿cuál es la probabilidad de que realmente tenga la enfermedad?

Para una población de 1000 personas, tenemos 1 enfermo y 999 sanos.

• Verdaderos Positivos (VP): 0.95

• Falsos Positivos (FP): 49.5 (según los datos del problema)

• VPP: 0.95 / (0.95 + 49.5) = 0.0188

Incluso con un resultado positivo, la probabilidad de que el paciente tenga esta rara enfermedad es de solo 1.88%. Este es un ejemplo clásico de cómo el cribado masivo de enfermedades raras, si no se interpreta con el debido rigor estadístico, puede generar más ansiedad y procedimientos invasivos innecesarios que beneficios reales, subrayando la importancia crítica de la probabilidad pre-prueba.

7. Conclusión: Razonamiento Clínico en la Era de los Datos

La interpretación de una prueba diagnóstica es un ejercicio intelectual que va mucho más allá del resultado aislado de "positivo" o "negativo". Como hemos visto, el contexto clínico y, sobre todo, la prevalencia de la enfermedad, son determinantes para entender el verdadero significado de la prueba.

Cuando nos enfrentamos a resultados conflictivos o contrarios a la intuición, es fundamental no dejarse llevar por el razonamiento automático. En su lugar, debemos recurrir a los cálculos matemáticos formulados por el Reverendo Thomas Bayes hace más de 200 años.

Entender conceptos como el Valor Predictivo Positivo no es un mero ejercicio académico; es la aplicación práctica del Teorema de Bayes en la cabecera del paciente. Es una herramienta esencial para un razonamiento clínico sólido, que permite a los profesionales de la salud tomar decisiones más informadas y cumplir con su responsabilidad ética y científica hacia el paciente.

 


SISTEMA DE EVALUACIÓN MEDICINA I 2022 FACULTAD DE MEDICINA UNNE


 

(Literatura digital)

Se detalla el esquema pedagógico y calificativo de la asignatura Medicina I en la Universidad Nacional del Nordeste para el ciclo 2022. El sistema propone una evaluación integral y continua que trasciende los exámenes tradicionales al valorar competencias clínicas, compromiso social y producciones académicas. A través de una planilla de seguimiento detallada, se observa cómo diversas disciplinas y trabajos grupales convergen en una ponderación final para la promoción del alumno. El texto enfatiza la importancia del seguimiento docente y la retroalimentación constante como herramientas para el crecimiento profesional del estudiante. Finalmente, se busca transformar la percepción del examen, presentándolo no como un obstáculo punitivo, sino como un proceso formativo esencial para la futura práctica médica.

CLASE INAUGURAL: escrita en un lenguaje claro, honesto y pedagógico, sin tecnicismos innecesarios, pero sin subestimar su capacidad de comprensión. Es un texto que explica el sentido del sistema de evaluación en Medicina I año 2022, no solo la mecánica, y ayuda a disminuir ansiedad, malentendidos y reclamos.

Medicina I Incluye las Áreas: Semiología Clínica, Oftalmología, Dermatología, Psicología, y Bioética. El sistema de evaluación incluye una Evaluación Diagnóstica el primer día de clase y dos evaluaciones formativas por sistema múltiple choice en la plataforma Moodle para que el alumno se familiarice con la plataforma y luego el resto de la evaluaciones sumativas


Cómo y para qué evaluamos en Medicina I

La evaluación en Medicina I no es un solo examen ni una sola nota.
Es un proceso continuo que acompaña todo el cursado y tiene como objetivo principal ayudarte a aprender, mejorar y crecer como futuro/a médico/a.

1. ¿Qué buscamos evaluar?

En esta materia no evaluamos solo cuánto estudiás o cuánto memorizás. Evaluamos distintas dimensiones de tu formación:

  • Conocimientos teóricos
  • Habilidades clínicas (cómo interrogás, examinás y razonás)
  • Actitudes profesionales (responsabilidad, respeto, compromiso)
  • Trabajo en equipo y reflexión académica
  • Vínculo con la comunidad y la realidad social

Por eso utilizamos diferentes tipos de evaluación, cada uno con un sentido específico.


2. ¿Por qué hay tantas instancias de evaluación?

Porque ningún instrumento por sí solo alcanza para evaluar la formación médica.

Durante el cursado vas a tener:

  • Evaluaciones de desempeño clínico (Mini-CEX)
    En Semiología, Oftalmología, Dermatología y Psicología, donde se observa cómo te desenvolvés frente a situaciones clínicas reales o simuladas.
  • Evaluaciones teóricas en plataforma Moodle
    A través de parciales con preguntas de opción múltiple, que permiten evaluar conocimientos y razonamiento clínico.
  • Producciones académicas
    Como la monografía grupal, que busca desarrollar lectura crítica, escritura y trabajo colaborativo.
  • Trabajo de extensión comunitaria
    Que apunta a integrar la medicina con la realidad social y el compromiso con la comunidad.

Cada una de estas instancias aporta información distinta sobre tu aprendizaje.


3. Algo muy importante: todas las evaluaciones tienen devolución

Cada nota que recibís va acompañada de una devolución del docente correspondiente.

Eso significa que:

  • no se trata solo de un número,
  • sino de saber qué hiciste bien,
  • qué necesitás mejorar,
  • y cómo hacerlo.

El objetivo del feedback es que puedas corregir, ajustar y aprender durante el cursado, no “descubrir” todo recién al final.


4. ¿Cómo se calcula la nota final?

Todas las evaluaciones se registran en una planilla donde:

  • se promedian y ponderan las distintas instancias,
  • se integran los aspectos teóricos, prácticos, académicos y sociales,
  • se obtiene una nota final, que refleja el recorrido completo del cursado.

Esa nota no surge de una sola evaluación, sino del conjunto del proceso.


5. ¿Qué significa la columna final: “Promociona / No promociona”?

La promoción no es automática ni depende de un solo examen.

Promocionar significa que:

  • completaste todas las instancias obligatorias,
  • participaste del proceso formativo,
  • recibiste las devoluciones correspondientes,
  • y alcanzaste los niveles esperados para avanzar en la carrera.

Es una comunicación institucional, que certifica que estás en condiciones de continuar tu formación médica.


6. ¿Qué esperamos de vos como estudiante?

Esperamos que:

  • te involucres activamente en el cursado,
  • aproveches las devoluciones para mejorar,
  • no estudies solo “para la nota”, sino para aprender,
  • entiendas la evaluación como parte del aprendizaje, no como un castigo.

7. Un mensaje final

En Medicina I la evaluación no está pensada para excluir, sino para acompañar tu formación desde el inicio de la carrera.

Si entendés cómo se evalúa y por qué, la evaluación deja de ser una amenaza y se convierte en una herramienta para crecer como futuro/a médico/a.

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