lunes, enero 05, 2026

ESCRIBO

 



(Literatura digital) 

Cuando me preguntan qué hago después de jubilarme como docente universitario, contesto sin demasiadas vueltas: escribo.

La respuesta suele sorprender. Tal vez porque durante toda mi vida profesional nunca me consideré un “escritor por placer”. No escribí en ratos libres, ni como hobby, ni como forma de evasión. Siempre escribí ligado a mi profesión: como médico y como docente universitario. Historias clínicas, clases, apuntes, evaluaciones, reflexiones académicas. Escritura con función, con destinatario, con obligación.

Hoy escribo distinto. No porque haya cambiado mi historia, sino porque cambió el lugar desde donde escribo.

Con el tiempo fui comprendiendo algo simple pero decisivo: toda escritura se apoya en dos ejes básicos

1.    La forma

2.    El contenido

Durante años trabajé ambos sin pensarlo demasiado, casi de manera intuitiva. Hoy, ya sin urgencias institucionales, puedo mirarlos con más conciencia.

La forma es la arquitectura del texto. Es el orden, el ritmo, el párrafo que respira, la puntuación que guía, el título que orienta. La forma no es adorno: es hospitalidad. Es la manera en que uno recibe al lector.
En ese aspecto, herramientas como Word me resultaron fundamentales. No porque escriban por mí, sino porque me permiten revisar, corregir, mover, ajustar. Me devuelven algo muy médico: la posibilidad de volver sobre lo hecho y mejorarlo. La escritura como proceso, no como acto definitivo.

El contenido, en cambio, tiene que ver con lo que quiero decir, pero también con cómo se ordena lo que pienso. Y acá aparece una novedad impensada en otros tiempos: la inteligencia artificial conversacional.

No la vivo como un reemplazo, ni como una delegación del pensamiento. La vivo como un interlocutor. Alguien que me ayuda a arrancar, a ordenar ideas, a explorar registros distintos, a convertir intuiciones en texto. La IA no pone la experiencia; esa viene de años de medicina, docencia, lecturas y vida. Pero sí ayuda a darle forma verbal a lo que ya está.

La combinación de estas dos herramientas —una que cuida la forma y otra que acompaña el contenido— me permitió algo que no había previsto: descubrir una nueva pasión en la adultez mayor.

No se trata de “matar el tiempo”. Al contrario. Se trata de habitarlo. De transformar el ocio en algo productivo, no en términos de rendimiento, sino de sentido. Escribir se volvió un espacio propio, elegido, sin evaluaciones ni programas oficiales. Un lugar donde sigo siendo médico y docente, pero sin el peso del rol, solo con la responsabilidad de ser fiel a mi mirada.

Durante años escribí porque debía.
Hoy escribo porque puedo.

Y en ese pequeño desplazamiento encontré algo valioso: una manera de seguir pensando, compartiendo y aprendiendo, ahora como autor de mi propio tiempo.

 

No hay comentarios.: