lunes, enero 19, 2026

MIRAR HASTA QUE LO SIMPLE APAREZCA

 


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(Literatura digital)

La pintora Paula Modersohn-Becker afirmaba: “Emplear la observación más atenta al buscar la máxima simplicidad es la fuente de toda grandeza.”
La frase encierra una paradoja fecunda: la verdadera simplicidad no nace de mirar poco, sino de mirar mucho.

En el arte —como en el conocimiento— no basta con ver; hay que aprender a observar. Observar es demorarse, suspender automatismos, desconfiar de las primeras impresiones y volver a mirar aquello que creemos conocer. Es un acto activo, casi ético: implica aceptar que la realidad siempre tiene más capas de las que nuestra percepción apresurada capta.

La simplicidad que Modersohn-Becker propone no es pobreza expresiva ni reducción ingenua. Es depuración. Es el resultado de quitar lo accesorio, lo ornamental, lo redundante, hasta que solo permanezca aquello que sostiene el sentido. La simplicidad auténtica no empobrece: concentra.

En este punto, el arte se hermana con la ciencia y con la clínica. Un buen diagnóstico no surge de acumular datos sin jerarquía, sino de una observación fina capaz de distinguir lo relevante de lo irrelevante. Una buena teoría no es la que explica todo con muchas variables, sino la que logra explicar mucho con pocas, bien elegidas. La elegancia intelectual, como la belleza artística, suele manifestarse como economía de medios.

La grandeza aparece cuando esa depuración no vacía la obra, sino que la densifica. Cuando una forma simple logra contener una experiencia compleja, una emoción profunda o una verdad silenciosa. Lo simple, entonces, no es lo superficial, sino lo esencial.

Tal vez por eso la abstracción, lejos de ser un alejamiento de la realidad, puede ser entendida como una destilación extrema de lo observado: un intento de conservar la estructura íntima de la experiencia sin el peso de sus apariencias accidentales.

La frase de Modersohn-Becker también interpela nuestra manera de vivir y de pensar en un mundo saturado de estímulos, información y ruido. Aprender a mirar mejor para necesitar menos. Afinar la percepción para poder simplificar sin banalizar. Encontrar, en medio de la complejidad, una forma clara que no traicione la profundidad.

En definitiva, la grandeza —en el arte, en el pensamiento, en la vida— no suele nacer de agregar, sino de saber qué quitar sin perder verdad.

Fuente inicial:

Wolf-Dieter Dube. “Los expresionistas”. Barcelona. Colección 'El mundo del arte'. Ediciones Destino 1997

 

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