viernes, enero 30, 2026

VERDAD Y TESTIMONIO

 


PODCAST


(Literatura digital)

Solemos pensar la verdad como algo que se dice bien: una afirmación correcta, verificable, estable. Sin embargo, tanto la ciencia como la experiencia clínica nos enseñan otra cosa: lo que hoy consideramos verdadero mañana puede ser corregido. No porque haya sido una mentira, sino porque el conocimiento avanza por reformulaciones.

Algo similar ocurre con la memoria humana. No conservamos los hechos en sí, sino las reinterpretaciones sucesivas que hacemos de ellos. Recordar no es archivar, es reconstruir. La historia funciona del mismo modo: no guarda la verdad del acontecimiento, sino las narraciones que se fueron sedimentando sobre él.

Desde otro plano, Giorgio Agamben lleva esta intuición a una conclusión más radical: no existe una historia de la verdad. La verdad no progresa ni se acumula; aparece cada vez, entera, como experiencia. Lo que sí tiene historia son los discursos que intentan capturarla, incluso las mentiras que se estabilizan y se vuelven normales.

Por eso Agamben dice que la verdad es una errancia: una forma de vida sin suelo definitivo. Erramos por la verdad y también por la no-verdad. Incluso la mentira, mientras se dice, mantiene un vínculo con la verdad. El verdadero peligro aparece cuando la mentira ya no necesita hablar, cuando se vuelve silenciosa, automática, indiscutida. Allí se extingue la errancia y, con ella, la posibilidad de testimoniar.

El testimonio no explica ni informa: interrumpe. No corrige la historia ni inaugura una nueva época; introduce una pausa en el discurso dominante. En esa interrupción mínima se abre un instante de conciencia y de libertad.

En definitiva, lo testimonial nace de lo vivido, de la experiencia misma, y no siempre puede decirse: cuando encuentra palabras, lo hace a riesgo de perder aquello que lo vuelve genuino.

Fuente original: Giorgio Agamben. Cuando la casa se quema. Desde el dialecto del pensamiento. 2022


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